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Cuba. Combates navales menores. Manzanillo El 27 de Junio, McKinley declaró oficialmente el bloqueo de este puerto, en el que , como en toda la costa sur de Cuba, el tráfico español era intenso. Partieron hacia allí, con órdenes de Sampson, los tres cañoneros auxiliares "Hist", "Hornet" y "Wompatuck". El 30 se toparon con la pequeña "Centinela" de sólo 30 toneladas y dos ametralladoras Maxim de 37 mm, que resultó acribillada con 25 impactos y un fogonero muerto. Los norteamericanos la dieron por volada y hundida , pero tras ser reparada por su dotación, la pequeña lancha salió por si misma del atolladero. A las 3,30 del mismo día, los tres buques americanos, con un práctico cubano, entraron en la bahía de Manzanillo. Cada uno de ellos desplazaba más de 400 toneladas y los artillaban un total de 16 piezas ligeras, de 57 a 37 mm y 4 ametralladoras. Enfrente tenían las cañoneras "Estrella", "Guantánamo", "Delgado Parejo" y la "Guardián", ésta última averiada, que reunían seis piezas ligeras y alguna ametralla-dora. Aparte estaba el viejo pontón "María", antiguo vapor de ruedas, de 200 toneladas y el cañonero "Cuba Española", de madera y poco mayor, ambos inútiles para navegar y artillados cada uno con un viejo cañón Parrott de 13 cm. con escasas municiones. Completaban las defensas del puerto las inútiles minas fondeadas y dos venerables piezas de bronce y de campaña. El comandante del puerto, Teniente de Navío de la clase Barreda, no dudó en atacar con sus tres cañoneras útiles, apoyadas por los otros tres cascajos a los atacantes, acercándose a unos 2000 metros. Tras una hora de fuego, el "Hornet" recibió varios impactos, uno en la flotación y otro que le seccionó la tubería principal de vapor, quedando el buque inmóvil y con tres fogoneros abrasados. El "Wompatuck" que había recibido tres impactos logró sacarlo a remolque, mientras que el "Hist" con 11 impactos, y gracias a alguna precaución previa, evitó tener la misma avería que el "Hornet". Los españoles habían sufrido 2 muertos, 4 heridos (2 leves) y 4 contusos, especialmente en el "Delgado Parejo" y "María", sin serias averías. Los comandantes americanos, para paliar su derrota, dieron contradictorias y confusas versiones de lo ocurrido: Young, el jefe, señaló que había nueve buques españoles en el puerto, y entre ellos un crucero y un torpedero, otros hablaron de una goleta repleta de feroces españoles dispuestos al abordaje, a la que por supuesto hundieron, así como a la mayoría de los buques enemigos, apoyados, eso sí, por "potentes baterías de costa". Al día siguiente se produjo un nuevo ataque, a cargo del "Scorpion" (850 toneladas, 4 de 127 mm y seis ligeras) y el "Osceola" (571 toneladas, 1 ligera y 2 ametralladoras) que abrieron fuego sobre las baterías de tierra, creyendo, sin duda, que no quedaban objetivos a flote tras el combate anterior. Tras cuarenta y cinco minutos de fuego, y el nuevo contraataque de la escuadrilla, los norteamericanos debieron retirarse, con 12 impactos en el "Scorpion", uno de ellos de la venerable pieza del "María", que decidió el combate. Las bajas españolas se redujeron a 2 heridos en el pontón, y se recogieron en tierra 19 granadas enemigas de 127 mm sin estallar. Sólo tras la destrucción de la escuadra de Cervera, la U.S. Navy intentó de nuevo acabar con la molesta escuadrilla, para ello reunió a los cinco buques ya mencionados, a los que se reforzó considerablemente su artillería y los dos cruceros gemelos "Wilmington" y "Helena", cada uno de 1.400 toneladas, armados con 8 de 102 mm y 8 ligeros y con protección blindada de 1,5 pulgadas en batería y flotación. Reunían así los atacantes 20 piezas de 12 y 10 cm., 43 ligeras y ocho ametralladoras, mientras que los españoles, tras el refuerzo del "Centinela", apenas reunían 8 ligeras, alguna ametralladora y las venerables piezas de los pontones y de costa. Lo peor es que los españoles habían casi agotado sus municiones tras los dos anteriores combates, pero pese a ello plantaron cara, hasta que se vieron obligados a zabordar los buques y desembarcar dotaciones que siguieron la lucha desde trincheras en tierra, sin sufrir más que un herido tras dos horas y media de fuego, y quedando averiados "Centinela", "Delgado Parejo" y "María". La mayor pérdida fue la de tres vapores mercantes allí refugiados, que fueron incendiados. Entre ellos , la guarnición y la población civil sufrieron otros 3 muertos y 13 heridos. Todavía el 12 de Agosto apareció otra flotilla atacante compuesta por el crucero protegido "Newark" (4000 toneladas, doce de 152 mm y 10 ligeras) los cañoneros auxiliares "Hist", "Osceola" y "Suwanee", el capturado en Santiago "Alvarado" y el transporte "Resolute" con un batallón de "marines". Los atacantes abrieron fuego a las 3,40 de la tarde, preparando un desembarco combinado con un ataque por tierra de las guerrillas cubanas. El fuego siguió hasta las 6 y luego siguió esporádicamente, con sucesivas invitaciones a la rendición. Al día siguiente, y desde el "Cuba Española", se hicieron señales a los atacantes de que el armisticio se había firmado, suspendiéndose las hostilidades. En el bombardeo la flotilla española no había tenido baja alguna, aunque si la guarnición (4 muertos y 17 heridos) y la población civil (2 y 14 respectivamente) Así se desarrolló la tercera campaña naval en importancia de la guerra, tras las de Santiago y Cavite, y cabe señalar que pese al resultado final adverso, la pequeña escuadrilla rechazó por dos veces a fuerzas superiores, cediendo tan solo ante una fuerza inmensamente superior, que sólo logró una incompleta victoria cuyo único relieve consistió en la pérdida de los tres mercantes. Otros combates Muchas otras escaramuzas se sucedieron en algunas cubanas, enfrentando a los cañoneros, cañoneras y pontones españoles con los americanos, los más resultaron indecisos, otros afortunados, algunos adversos, pero nunca tan desastrosos y unilaterales como los de Santiago y Cavite. De hecho ningún. buque se hundió o fue averiado seriamente por el enemigo, y, siempre con escasas bajas, las únicas pérdidas fuesen por auto-hundimiento al agotarse las posibilidades de resistencia, o por decidirse la evacuación por el Ejército de los puntos que defendían, con un total de pérdidas de dos pontones, 1 cañonero y 4 cañoneras, aparte de los buques de Manzanillo. Pese a su escasa potencia y regular estado de conservación, los pequeños buques distrajeron fuerzas mucho mayores del enemigo, escoltaron convoyes costeros, protegieron a los rompedores del bloqueo e impidieron, en lo posible, que cortaran los cables submarinos o entraran en contacto con las guerrillas cubanas. Buena parte de los puertos que defendían estaban minados, pero ya sabemos que aquella fue un arma frustrada. Y de su decisión, valor y pericia no cabe dudar por un momento. Si no bastara con los ejemplos mencionados, ahí va otro de muestra: el 13 de Junio el cañonero "Diego Velázquez" (200 toneladas, 2 de 57 y 2 de 37 mm) afrontó combate delante de Cienfuegos con el crucero auxiliar "Yankee" (6.900 toneladas y armado con 12 de 127 mm., 6 de 57 y 2 ametralladoras) El comandante español, Teniente de Navío Carranza (hermano del destinado en Canadá) realizo un modélico combate de evolución en retirada, aprovechándose de su menor radio de giro para tener siempre a su gran enemigo en el sector de máxima ofensa de sus piezas y evitar que éste alcanzara la misma situación, y todo a 2.000 metros de distancia. Tras 69 minutos de combate, el "Velázquez" entraba en Cienfuegos con 6 heridos a bordo y algunas averías, habiendo hecho casi 200 disparos a su enemigo, algunos de los cuales le alcanzaron, matando a un marinero. Cuando el "Velázquez" volvió a salir, tras desembarcar los heridos, acompañado de la lancha "Lince", el "Yankee" decidió retirarse. Luego su comandante informó que había luchado contra un cañonero-torpedero español de 600 toneladas y armado con piezas de 12 cm. y torpedos, al que por supuesto , había dejado hundiéndose. Lo cierto es que el "Velásquez" fue vendido tras la guerra a la marina de Venezuela, donde sirvió con el nombre de "Miranda" casi hasta los años 30. Aunque en su momento estos combates pasaron casi desapercibidos , o se les consideró como demasiado irrelevantes en comparación con lo sucedido en Santiago, hoy nos muestran que se podía haber hecho mucho más, pues especialmente en Cárdenas y Manzanillo, los españoles hicieron frente con éxito a circunstancias de superioridad enemiga mucho mayores de las que se dieron en Santiago. Extractado de: Agustín R. Rodriguez González. La Guerra del 98. Las campañas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas Agualarga Editores S.L. Madrid 1998 |