| S.B.H.A.C. Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores |
|||||||||||
|
|
|||||||||||
| Memoria | Introducción | Carteles | Fuerzas | Personajes | Imágenes | Bibliografía | Relatos | Victimas | Textos | Prensa | Colaboraciones |
|
|
El Ejército Popular |
Enlaces | |||||||||
|
C) El 5º Regimiento de Milicias Populares.
1) Introducción
Castro contó con la ayuda del diputado por Cádiz, el médico Daniel Ortega (1) en la parte logística, y del italiano Carlos Contreras, principal consejero militar (hasta la llegada de los rusos) de la Komintern, otro fuera de serie a la hora de organizar, para la parte político-militar, que tratándose de comunistas, era tan importante, o más que la estrictamente militar. Otros iniciales colaboradores del Quinto fueron el dirigente de la FUE, antiguo estudiante, Manuel Carnero Muñoz, otro más, el comandante Lucas Fernández Navarro, teórico responsable militar del 5 batallón original, y también, del teniente retirado de la Guardia Civil Francisco Galán, hermano de otro mítico Galán fusilado tras la temprana sublevación de Jaca. Todos los que son algo en el comunismo madrileño quieren relacionarse con el Quinto, pues la excelente maquinaria propagandística del partido ha puesto en marcha ya la campaña de promoción y divulgación de lo que serán las milicias comunistas: Un verdadero ejército del pueblo, disciplinado, política y culturalmente formado, y al servicio del gobierno. Quizá se trató del único caso de una unidad de milicias que explícitamente declaró su apoyo al gobierno una y otra vez, más allá de la pura propaganda cotidiana de todos los medios madrileños. El Quinto nacía con una gran vocación de lealtad gubernamental, como decimos, con la decisión acerada de distinguirse, muy pronto, como unidades de choque fiables (lo que más necesitaba el gobierno). Y con la más escondida intención, pero tampoco ocultada, de ser el ejército, bajo control comunista, del gobierno. Naturalmente, el resto de las formaciones políticas y sus milicias alababan en público tan excelente disposición, pero rumiaban en privado todos los agravios, que ciertos o imaginarios pronto saldrían a la luz.
Lo primero que hace Castro, una vez que ha tomado posesión del convento es convocar a los responsables de los Radios del partido para ponerlos a trabajar en la recluta de voluntarios, en la recolección de medios materiales y en el aseguramiento de la retaguardia, es decir la búsqueda de quintacolumnistas, y les dice claramente que esta unidad formará parte del ejército de milicianos del Frente Popular, pero que en realidad es el ejército del Partido Comunista (2). Esto contado por Castro a tiro pasado, cuando trata de ajustar cuentas con sus antiguos camaradas tiene poca credibilidad histórica, pero el cien por cien de credibilidad política. Era lo que todos los partidos y sindicatos pensaban de sus milicias en un primer momento, ¿por qué los comunistas iban a ser distintos? Había tal vacío de poder militar y de orden público en toda la zona republicana, que las milicias partidistas eran a veces la única garantía de seguridad personal. Y si a ello, unimos la sentida enemistad de comunistas y anarquistas en todas partes, con muertos por medio, sólo motivos de seguridad ya avalan tal afirmación, pero es que además, la capacidad de influir en los oficiales del Ministerio de la Guerra, y en definitiva en el gobierno, va a venir determinada por la capacidad de los partidos y sindicatos para organizar unidades militares, y a ese fin, Castro organizaría abundantes desfiles político-militares para seducir al gobierno y sus oficiales. Y además, la maquinaria de propaganda comunista, como ya hemos dicho, consciente del filón que tiene entre manos, ¡una unidad de milicianos que quieren ser soldados del ejército de pueblo! no cesa en su trabajo de poner como ejemplo al Quinto, como embrión del inevitable Ejército Popular, elaborando política militar para consumo gubernamental y popular. En definitiva, los comunistas buscaban dos cosas fundamentales con su Quinto regimiento, la primera, en verdad hay que reconocérselo, organizar unidades con capacidad militar real que afrontaran la crisis militar que vivía la República, la segunda, alcanzar la primacía militar dentro del Frente Popular, para así alcanzar la primacía política. Todos los grupos lo practicaban con mejor o peor fortuna, pero hasta la presente todos se lo reprochan al Partido Comunista que fue el que mejor lo hizo, lo que es del todo injusto. Para matizar a los críticos del Quinto que desde dentro de las filas republicanas han sido innumerables, hay que remitirse a los hechos que a lo largo del verano de 1936 fue protagonizando la unidad y que veremos en el punto siguiente. Pero para empezar e hilando con el párrafo anterior diremos que el Quinto dependía, como todas la milicias, de la Inspección General de Milicias, siendo el enlace de ésta última en el Quinto el capitán Márquez que pronto mandaría una de las compañías de acero, la Primera. La expansión del Quinto es rápida y eficiente, la instrucción se hace en el propio patio del cuartel bajo mando del portugués, comandante Oliveria, militar exiliado en España, pero poco después y por las evidentes necesidades de más terreno, se desplaza a la Dehesa de la Villa. La Sanidad, bajo mando de los doctores Juan Planelles y Manuel Recatero, se habilita en un hotelito cercano al cuartel. El mando se traslada a la calle Lista 20 y se abre otro cuartel en San Bernardo 99.
El gobierno Giral que ve el crecimiento del 5 Rgto. con cierta aprensión se encuentra enfrascado en la creación del Ejercito de Voluntarios, batallones de voluntarios, propiamente, con disposiciones de fecha 3 y 17 de agosto y otras que le seguirán. Se trata del intento del gobierno de crear un ejercito paralelo al regular (de momento no se sabía muy bien qué hacer con lo que quedaba de éste) para ocupar el mismo lugar auxiliar, desde su punto de vista, que ahora ocupaban las milicias. En puridad se trata de las milicias del gobierno, paradoja no exenta de polémica como lo demuestra el demoledor artículo de Claridad (órgano de los Largocaballeristas) el día 19 de agosto, fecha de la publicación de las disposiciones aludidas. El gobierno tiene la intención de aplicarse a fondo en esta recluta de voluntarios, pese a su fría acogida y decreto tras decreto va configurando sobre el papel lo que espera sean sus milicias gubernamentales. El propio Prieto, rival de Largo en el PSOE viene en ayuda del gobierno con su editorial en el Informaciones del 25 de agosto titulado "Las milicias no son de nadie", que venía a criticar la realidad: Las milicias SÍ tenían dueño. De hecho, este es el punto crítico de toda la historia de las fuerzas de tierra de la II República (y las de aire), la "propiedad" que siempre tuvieron las mejores unidades, desde 1936 hasta 1939, con la evidente y final demostración ocurrida con ocasión del golpe de Casado. Pero no adelantemos acontecimientos y volvamos al verano de 1936, donde esto era mucho más evidente, y donde en concreto en Madrid, se distinguían cuatro posibles formaciones por su adscripción ideológica o tutorial. En primer lugar las fuerzas regulares y de orden público, controladas por el gobierno, después, las milicias patrocinadas por las dos fracciones más combativas del PSOE, esto es Largocaballeristas y Prietistas, sustantivadas en las unidades alrededor del Bon. Largo Caballero y de los batallones Octubre, y las surgidas de "La Motorizada" respectivamente, en tercer lugar las milicias dependientes del Comité de Defensa Confederal (CNT-FAI), muy importantes y mayoritarias en el Nordeste de Madrid. Y en cuarto lugar, las todavía minoritarias pero cada día más emergentes unidades surgidas del 5 Rgto. Este universo paramilitar, donde el gobierno apenas controla pese a que todos se señalan "al servicio de la República" es el motivo fundamental del intento de creación del Ejército de Voluntarios.
2) Estructura del Quinto regimiento. Tal como esbozamos en el diagrama adjunto, el Quinto se estructuraba no como un regimiento, sino como un Centro de Instrucción y reclutamiento con su estado Mayor. La Comandancia General dispondría de cuatro secciones (las clásicas) más dos departamentos anexos a la Comandancia que fueron el Comisariado y los Servicios Especiales, y al que se uniría posteriormente otro departamento más que sería Guerrilleros. De la comandancia dependía además una sección de aspectos propagandísticos (como no, si eran comunistas). Estas secciones eran, Organización, Información, Operaciones, Servicios, y Trabajos Sociales. Como el lector verá, la única diferencia entre estas secciones y las regladas de los estados mayores del Ejercito Español es la sección de Trabajos Sociales, que evidenciaba, naturalmente, las diferencias entre los E.M. de los ejércitos de la época y la vocación social del Quinto. La Comandancia, que realmente actuaba como tal, dado el carácter y el bagaje de su jefe, sólo respondía ante el partido, promesas de fidelidad al gobierno aparte, pero eso lo hacían todas las milicias. Enrique castro se ayudaba principalmente de Francisco Barbado, Daniel Ortega y Mariano de Pablo. Y posiblemente soportaba y aceptaba a Vittorio Vidali, el comandante Carlos, porque no le quedaba más remedio, le necesitaba, y además era el que más cabeza tenía para la organización. Sabía redactar, analizaba muy correctamente las situación político-militar que vivía la Republica, y sobre todo, contaba con el beneplácito de los jefazos del PCE, cosa que no le ocurría a Castro. Esto explica que Castro tuviera que aceptar que Contreras asumiera realmente la sección de operaciones, que bien mirada, era el puntal de la política militar del PCE, en un escenario militar dónde todas las ofensivas republicanas fracasaban. En Organización se encuadraba a los milicianos, se les calificaba, se creaban las nuevas unidades, y se proponían mandos. Se establecían nexos con unidades de fuera de Madrid que solicitaban ser apadrinadas por el Quinto. Se creaban delegaciones en provincias para enviar los voluntarios a Madrid (banderines de enganche), etc... Era la administración del regimiento. Se llevaba la contabilidad, y como todas las milicias de la época trataba de inflar las listas que presentaban a la Inspección general de Milicias para así recibir mayores haberes y recursos. Hay alguna documentación donde tras un fácil cálculo se puede ver que el presupuesto, arriba o abajo rondaba los dos millones de pesetas mensuales. La sección la gestionaban militares profesionales, bastante bien al parecer, lo que dice mucho a favor de Castro y Contreras. Información hacía de incipiente Policía Militar en funciones de Comité de Investigación (filtrado de los voluntarios). Se ha dicho que de esta sección dependía la posible represión de ciudadanos desafectos por parte del Quinto, pero no hay pruebas de ello, salvo las especulaciones interesadas de los historiadores y propagandistas franquistas al uso, pasados y actuales. Además y en todo caso, sería el grupo de Servicios Especiales, según comenta Enrique Castro, el que al parecer realizó alguna tarea de este tipo. No parece que el Quinto se dedicara a actividades represivas de carácter general, más allá de circunstancias puntuales, o la lucha contra el quintacolumnismo, a todas luces, legítima. El control lo tenía el propio Enrique Castro con hombres de su confianza. Operaciones tenía un papel vital, pues definía la estrategia militar del Quinto y pese a que los medios anexos al Quinto se hartaron del anunciar su apoyo a las autoridades militares de los dos gobiernos republicanos con los que coexistieron, en realidad, muchas veces entorpecieron estas políticas militares gubernamentales, y hemos de reconocer, que algunas con razón. El alma parece ser era el propio Comandante Carlos, por otro lado omnipresente el todas las actividades del Quinto. En Servicios se agrupaban las clásicas subsecciones de Intendencia, Armamento, Transportes y Sanidad. En esta sección tuvo enorme éxito la comandancia del Quinto, pues colocó al frente a los hombres adecuados, civiles expertos en la materia: médicos, armeros, gestores y personal auxiliar que sabían cómo actuar y dónde pedir, rogar o exigir. El Quinto creó Hospitales propios, casas de reposo para convalecientes, etc... (esto lo hicieron todas las milicias). Daniel Ortega, gaditano, diputado comunistas y medico, destacó en estas tareas. En Trabajo Social se dedicaban a dos funciones, la propaganda (agitación y propaganda, clásicas de los P.C.) y lo que hoy llamaríamos Servicios Sociales, ayuda a combatiente y a sus deudos. Disponía del diarío "Milicia Popular", que estaba muy bien confeccionado y redactado. También se disponía de una emisora de radio y de una editorial. Los Servicios Especiales, bajo mando directo de la Comandancia, parece que complementaban las funciones de la sección de Información y realizaban investigaciones y operaciones especiales con el principal fin de evitar el infiltramiento enemigo. Puede que también hicieran labores de protección personal y represión de la Quinta Columna, represión que nada tiene que ver con los asesinatos que se produjeron en Madrid durante el verano y parte del otoño. La represión de la quinta columna era una actividad legítima de la República, se trataba de agentes enemigos que no sólo preparaban atentados, sino que infiltraban espías, boicoteaban actividades industriales y militares y se comportaban como agentes enemigos, traidores en suma.
Los Guerrilleros fueron una creación de Enrique Castro y no hay muchas informaciones sobre sus hechos, pero probablemente se limitaron a realizar labores de información en campo enemigo. El Comisariado era una sección paralela a la Comandancia y probablemente sin el control de Enrique Castro, se encargaba del adoctrinamiento político del voluntario, lo que no era poco, de la recluta de delegados de compañía y de la formación de nuevos comisarios. Por ella pasaron muchos de los futuros Comisarios de la 11 división y del V Cuerpo de Ejército.
3) La política militar del 5 Regimiento. Estaba basada en varios ejes iniciales, tal como la concibió Castro:
A todas estas tareas se les adjudico personal para su buen desarrollo. Más adelante y ya bien consolidado el Quinto como centro de instrucción y reclutamiento, se abordaron tareas más complejas, que iban desde la formación de especialistas en todas las ramas de la milicia, hasta las más novedosas, como los antitanquistas y las unidades guerrilleras, y esto en fecha tan temprana como el verano de 1936. Las dificultades eran enormes, pues no nos engañemos, se trataba de un grupo de civiles y un puñado de militares profesionales puestos a fundar el mayor centro de instrucción y movilización de la España republicana. El puntal de esta tarea lo fueron los militantes del PCE dedicados día y noche a este trabajo, como relata Castro. Voluntarios del partido no faltaron en ninguna de las áreas militares, y menos en las áreas, por decirlo así, civiles, pues artistas, literatos, agitadores, propagandistas, periodistas, etc... pusieronse a trabajar bajo el eficiente mando de Castro, el comisario Carlos Contreras y el diputado Daniel Ortega. Si querías ser algo en el PCE, tenías que formar parte del Quinto, por la vía del alistamiento o por la vía honoraria, el caso es que los propagandistas del Quinto pudieran extraerte el jugo para su eficiente propaganda. Lo primero que hacen los comunistas cuando forman un grupo, militar o civil, es buscar una multicopista para hacer propaganda, y buscar gente experta para dar instrucción cultural y política al personal, a su particular entendimiento, claro está. La principal consigna del Quinto fue entonces la Unidad Antifascista: no importa lo que pienses, si eres antifascista, ven con nosotros que somos los mejor preparados y no tenemos veleidades revolucionarias. Un mensaje que al parecer caló no sólo en las masas obreras sino en las clases medias que apoyaban a la República. Quienes no eran declarados militantes de partidos y sindicatos, pero sí fervientes antifascistas debieron sentir la punzada del alistamiento en un regimiento que se anunciaba tan sensacional. De hecho, ninguna milicia de la zona centro recibió tantos voluntarios entre julio y diciembre de 1936, época de su integración en el Ejército Popular. Pero aquí no se trataba de dar charlas y el clásico agit-prop, se trataba de convertir patosos civiles en soldados disciplinados. Y eso exigía una dura instrucción de al menos tres semanas, con practicas de tiro, formación cerrada, manejo de armas automáticas y de acompañamiento de infantería, como morteros y lanzagranadas. Para las armas se contó con las requisadas a los militares rebeldes, las recibidas del parque de artillería y las peticiones que se hacían a los hombres de Sarabia en el Ministerio. No parece que al regimiento le faltaran armas, ni tampoco parece que le faltara alimentación ideológica y pensamiento político-militar. Esta retroalimentación de cierto carácter militarista, estaba en la tradición bolchevique y a ella acudían continuamente los cuadros del Quinto, en esta rauda carrera hacía la creación del prototipo militar para la República en guerra. Prototipo que no iba a consolidarse por mucho que la propaganda y los medios comunistas atizaran los ya empapados cerebros de los madrileños en cuanto a propaganda política. Había que ejemplarizar hechos militares inequívocos, donde las unidades comunistas destacaran pronto por sus virtudes militares, y como no, patrióticas. De este aspecto se encargaba el eficiente organizador, el comisario Carlos Contreras. La segunda y muy importante consigna del Quinto era la antítesis de lo que militarmente pensaban al principio los largocaballeristas y muchos cenetistas, que creían que unos miles de milicianos montados en camiones acabarían derrotando, con el concurso de la población, a los militares golpistas y sus aliados. El Quinto sabía que se enfrentaba a un ejército formidable, por comparación con las fuerzas republicanas de julio del 36. Sabían que se enfrentaban a los requetés, tradicionalmente en España, considerados como durísimos soldados pese a que perdieran las anteriores tres guerras civiles, que se enfrentaban al ejército de África, precisamente profesionalizado por la reforma de Azaña, y para terminar al ejército regular en rebeldía. Este realismo contrastaba con las peregrinas ideas revolucionarias sustanciadas en el eslogan, hacer la revolución para ganar la guerra, paradigma a mi entender del extendido error de escenificación que junto al mal de victoria padecieron las columnas milicianas los primeros días de la rebelión militar. Resumiendo la consigna, estamos en una guerra contra el fascismo internacional, esta lucha es prioritaria sobre cualquier otra pretensión revolucionaria, pues para esta lucha se necesita el concurso de todas las clases sociales antifascistas. Por ello, el comisario Carlos Conteras va desgranando en el cuidado periódico del regimiento "Milicia Popular" las bases políticas de lo que serán las posturas oficiales respecto de la guerra del PCE. La tercera consigna es simple, disciplina y sobre todo oficiales, profesionales si los hay o del pueblo cuando estén formados. Y explica como las milicias al valorar erróneamente su fácil victoria sobre oficiales rebeldes en Madrid y Barcelona, creen que no se necesita un ejercito regular incluso con mandos profesionales para hacer frente a la amenaza fascista. Es decir, las fuerzas republicanas necesitan de una técnica militar adecuada a la guerra que se avecina. El mando debe darse a los oficiales leales preparados y el mando político debe subordinarse a esta necesidad. Y lo peor, nada de decisiones colectivas, ni en asamblea ni en comité. Las decisiones las toman los hombres designados para ello. La cuarta consigna es también sencilla, el Quinto se organiza al modo militar, es decir creando toda la infraestructura, administración, Estado Mayor, Escuela de oficiales, abastecimientos, transportes, transmisiones, sanidad, con una escuela de enfermeras, etc... La quinta consigna se remite a llenar completamente los aspectos civiles de la vida militar de los voluntarios. Para estas tareas, los cuadros del Quinto derrocharon una energía insuperable en todos los terrenos, se crearon casas cunas apara atender a los hijos de los voluntarios, se creo una Comisión de Trabajo Social con la misión de buscar disposiciones favorecedoras a los combatientes y sus familiares, incluso reservándoles el puesto de trabajo. Se abrió una emisora, se organizaron eventos artísticos, se hicieron cursos del nuevo bachillerato abreviado para combatientes. Se encargaba de estas tareas la Comisión de Trabajo Social que dirigía Benigno Rodríguez. Todas estas consignas eran fruto de trabajo conjunto de Vittorio Vidali, Comandante Carlos y de Enrique Castro y de sus más cercanos colaboradores, amén del omnipresente manto de control de la jerarquía comunista. 4) El Quinto como centro de instrucción y formación de mandos. En lo que respecta a la instrucción militar de orden cerrado y manejo del arma la llevaba el comandante Oliveira, militar portugués antifascista y exiliado en España, y se hizo primero en los patios del convento y más adelante se habilitaron otros solares. La política de mandos del 5º Regimiento como expresaría Líster, partía de la base de la captación de todos los mandos del ejército regular leales que huyendo de las milicias quisieran integrarse en el regimiento por su voluntad de luchar y, en cierto modo también, por su seguridad personal. Por otro lado se impulsaba al máximo el ascenso de oficiales jóvenes, de los antedichos, que fueran audaces y tuvieran evidente capacidad de mando. E igualmente, capacitar y ascender a los voluntarios del Quinto y de otras unidades de milicias que sobresalieran de sus compañeros. En esta labor, es indudable que el Quinto gozó de las simpatías iniciales de los oficiales del Ministerio de la guerra y del favor de un mando clave, el comandante Barceló, a la sazón al frente de la Inspección General de Milicias A este respecto es muy esclarecedor la buena actuación de la Primera compañía de Acero, que mandada por el ya citado capitán Manuel Márquez, en los combates de la Sierra, sosteniendo firmemente un sector del frente serrano que corría grave peligro por los pánicos de otras unidades milicianas, este hecho determina la necesidad que se impone el Quinto de crear nuevas compañías de acero, como así fue pues se llegaron a formar hasta once y que posteriormente formarían la famosa Brigada de la Victoria. Para esta tarea se tiró de los hombres distinguidos en los combates para formar los cuadros de estas compañías, confirmando así está decidida y realista política de ascensos de milicianos distinguidos en combate. En el Quinto, pronto se comprendió que la falta de oficiales y sobre todo de suboficiales expertos impedía la creación de unidades superiores al batallón o incluso, más abajo, la compañía, por ello en los primeros momentos del Quinto, la compañía fue la unidad tipo que el regimiento pensaba podría salir de sus cuarteles sin menoscabo de su actuación. El mismo 6 de noviembre con el enemigo ante portas, Mundo obrero insiste en la necesidad de mandos intermedios cualificados, han pasado casi cuatro meses, y el regimiento es consciente de la angustiosa falta de estos mandos. Hace casi un mes que el gobierno Largo ha sacado su decreto para la militarización (10 de octubre), el ejército republicano crece cada día, pero la formación de oficiales y suboficiales como expresa Mundo Obrero sigue sin resolver. A mediados de septiembre los mandos militares del Quinto comprenden la necesidad de crear unidades militares más grandes, tipo brigada. La lección, según Líster, es evidente. En Talavera, las pequeñas unidades, compañías a toda luz, aunque se llamasen batallones, integradas en columnas, que lo son nominalmente, pero sin ningún vínculo funcional real en el momento del combate, no van a ser capaces de detener al enemigo. Se necesitan unidades de envergadura, y para eso se necesitan oficiales profesionales leales o de milicias bien instruidos. El Quinto decidió la creación de una Escuela de Mandos del 5º Regimiento bajo mando del comandante Luis Oliveira Romero, su especialista en estos temas. Formaron parte de su cuadro de profesores:
La influencia político militar del Quinto en el momento de la militarización es máxima, su realismo frente a la situación militar y la superioridad técnica de sus unidades hacen que cuando se decide la formación de seis brigadas mixtas, cuatro de sus comandantes provienen del Quinto, todo un éxito para unas fuerzas que todavía eran muy minoritarias en el frente del Centro. 5) Mandos y personajes relacionados con el 5 Regimiento. Tras el cese del primer comandante, Enrique Castro, que pasó a ocuparse de la reforma agraria que Jesús Hernández estaba poniendo en marcha en el Ministerio correspondiente, fue nombrado comandante en jefe del Quinto, el afamado Enrique Líster, no obstante, dada la tendencia natural de este fogoso líder por la lucha, en realidad el Quinto se sigue rigiendo por el equipo anterior, incluso con la no tan lejana influencia del otro Enrique. Posteriormente fue nombrado comandante Juan Modesto, pero sus funciones fueron parejas a las de Líster, dar lustre a la institución mientras la estructura del Quinto seguía funcionando por sus cuenta, con nuevas adquisiciones que suplían los cuadros que partían para el frente, dónde seguían representando al Quinto. Cuadro de mando inicial:
Comandantes y segundos comandantes:
Comandantes honorarios:
Instructores:
6) Trabajo Social, cultura y arte en el Quinto regimiento. Todo el partido comunista se volcó en ayuda de su criatura, sin fisuras, al contrario que le ocurría a su inmediato rival el PSOE, los militantes del PCE, campesinos, obreros, empleados e intelectuales apoyaron decididamente al Quinto. Los servicios sociales del Quinto, es decir, del partido, aseguraban la retaguardia del voluntario y, propaganda aparte, fueron muy efectivos para asegurarse un nutrido voluntariado. Uno puede marchar seguro a la guerra. si sabe que su familia queda a cubierto de las penurias de la retaguardia. Pero, además, en el propio regimiento, los voluntarios recogían un extra importantísimo, que escasea en los ejércitos tradicionales, los voluntarios eran tratados como personas, mimados culturalmente y rápidamente impelidos a dotarse de un bagaje cultural que les hubiera sido imposible en su vida civil, prensa, revistas, teatro, cine, charlas, coloquios y clases de alfabetización, llenaban sus horas de soldado, tanto o más que sus horas de servicio. Posiblemente, también, sufrieron presión y adoctrinamiento, pero más cierto es que eso ocurría en todas las milicias, lo que sucede es que nadie es tan efectivo, o pesado, según se mire, para estas tareas que los comunistas. Las "conversiones", por decirlo así, debieron ser muchas, y las más exitosas entre los militares profesionales, con centenares de ejemplos. En el Quinto, los comunistas, ofrecían a los militares profesionales seguridad personal, que no era ninguna bagatela en los tiempos que corrían, y además, disciplina militar, si además se ocupaban de tu familia, que más podía pedírsele a un regimiento en el dislocado universo paramilitar del verano-otoño de 1936. Sin duda, fue todo un éxito la política social del Quinto. Pero también fueron más allá, el Quinto apadrinó fábricas, ayudó a los campesinos a la recolección de la cosecha, allá donde estuvo, y trató de tejer una red social que soportara todo ese esfuerzo organizador para dar al regimiento el carácter de masas en armas que tanto le gustaban a los comunistas. Y lo hizo bien y ello fue la base de su preponderancia en las fuerzas armadas republicanas. Pero donde realmente triunfó el Quinto, más, ciertamente, que en lo militar, fue en la difusión de arte y cultura revolucionaria, en el sentido que los comunistas le daban a esa palabra en ese momento de la historia de España, es decir, arte y cultura popular republicana. Para empezar se inventaron lo de Milicianos de la Cultura, donde los maestros, tan republicanos entonces, cumplían sus obligaciones militares desasnando a la tropa. Luego crearon aquello del Batallón del Talento, que era una especie de brigada de las artes y las letras donde militaban los poetas y los artistas para glorificar y dar lustre a la tropa republicana. Líster escribe páginas enteras sobre ello. El quinto patrocinó, exposiciones, certámenes, concursos, etc..., cierto que no era el único, pero marcaba la diferencia por lo nutrido de sus filas artísticas. Alberti, su mujer, Miguel Hernández, Herrera Petere, Juan Rejano, Serrano Plaja, Pedro Garfias, Altolaguirre, Emilio Prados y otros muchos, cuenta Líster, se volcaron con el Quinto, cuando éste se lo pidió. Y no sólo en las artes, periodistas (hermanos Cimorra, Darío Carmona, Navarro Ballesteros, García Ortega, el cubano Pablo de la Toriente Brau), fotógrafos (hermanos Mayo), cartelistas (Bardasano, Espert, Briones, etc...) Y afirma Líster, que además, muchos de ellos, combatían realmente, como cualquier soldado, y que también muchos cayeron como muchos soldados anónimos. Dentro de estas actividades, el Quinto organizó la evacuación de científicos y artistas madrileños (y sus obras) al Levante español. Como la evacuación de los madrileños, parece que no tuvo mucho éxito, aunque señalados intelectuales, como Machado, Victorio Macho, Arteta, etc..., marcharon al Levante.
Y para completar estas actividades, estaba la banda de música del Quinto, que luego sería de la 11 División y más tarde del V Cuerpo de Ejército. Dice Líster que la banda se fundó el mismo 22 de julio del 36, que la idea partió del Sindicato de Profesores de Orquesta de UGT, y que la dirigía el maestro Oropesa, que era a la sazón un conocido compositor popular y Director de la Banda de la Diputación Provincial de Madrid. La banda actuó por primera vez, con sus 32 originales miembros en el desfile del 25 de julio de 1936 que protagonizaron las milicias del Quinto. La historia de esta banda es extraordinaria, hay documentos gráficos de la banda actuando en el frente de Madrid, del Jarama, Guadalajara, Brunete, Aragón, Teruel, del Ebro y por desgracia de los campos de concentración franceses. Posteriormente, la banda se exilió a Mejico, donde siguió fiel a su andadura antifranquista. Una gran libro por escribir: "La historia de la Banda del Quinto Regimiento". A ver quién se anima. 7) Final. Probablemente se confunden las unidades (y sus hechos de armas) patrocinadas por el PCE de Madrid y las propiamente del Quinto, es decir, encuadradas, instruidas y armadas en dependencias y con personal del Quinto. Esto hace también muy difícil identificar sus hechos de armas. Por ejemplo, los primeros días después del 19 de julio, el Quinto era solamente cosa del Radio Norte de Madrid del PCE (Cuatro Caminos, Tetuán y Chamartín que controlaba Castro y su hombre de confianza, Carnero), y si me apuráis, de las MAOC de Cuatro Caminos, pero en esos días, precisamente, se crearon unidades de las MAOC de Ventas (Radio Este), Carabanchel (Radio Oeste: Heredia y Barcenas), etc..., y de otros barrios de Madrid, que no tenían ninguna relación formal con el Quinto, y que posteriormente, a efectos propagandísticos, pasaron a engrosar las fuerzas del Quinto, como todo lo comunista. También ocurrió esto con las unidades formadas por las JSU, que si al principio nada tuvieron que ver con el Quinto, posteriormente se volcaron en el regimiento. Para nosotros, pues, las unidades netamente del Quinto serían las Compañías de Acero, (en realidad batallones con servicios), y otros batallones, como la Brigada de la Victoria, que era en realidad un Batallón. A finales de agosto, debido a las pérdidas se fusionaron. Alpert nos dice que apenas hay documentación oficial sobre unidades y sus actuaciones, cosa que les pasa a todas las milicias que carecieron de cronistas, como es la mayoría. Se manejan pocas fuentes de información para conocer las unidades formadas en el Quinto, en el "Único camino" de la Ibarruri se da una relación que serían:
Otras fuentes añaden varios más:
Pero a grosso modo, las unidades formadas por el Quinto estuvieron en todos los frentes, en la Sierra, en el valle del Tajo, en Toledo, en la defensa de Madrid y en algunas ofensivas anteriores a diciembre de 1936. Se comportaron más o menos como sus compañeros de otras milicias, unas veces heroicamente y otras se desbandaron, pero, mejoraron la tendencia, adquirieron espíritu de cuerpo y se hicieron más duros en la defensiva solucionando algunas situaciones difíciles que su propaganda se encargó de exagerar. Por tanto, no se distinguían significativamente del resto de las fuerzas milicianas con las que luchaban excepto en su vocación de mejorar, en su tradicional organización militar (en el fondo sólo era un intento), y en la buena propaganda que se hacían. Esta es la pura y simple verdad. Las unidades del Quinto destacaron por su decidida voluntad de mejorar y de formar un verdadero ejército. Y eso, sólo precisamente eso, marcaba la diferencia que les permitiría con el tiempo constituir las Brigadas Mixtas que serían la élite y la tropa de choque de la República en la zona Centro. Una buena organización, una buena propaganda, y el mismo material humano que el resto: españolitos republicanos, de entrada profundamente antimilitaristas, en camino de construir el Ejército Popular.
Apuntes bibliográficos:
Notas: (1) Castro dice de él que era un hombre de aires místicos, con mucho de franciscano. El "Apóstol de la formula" le llama. (2) Cuenta también Castro, que a la vuelta, ya de noche, de los hombres encargados de la limpieza del barrio, con presos y un importante botín, y viendo Castro la cara triste y desganada que traían (el servicio no era para menos), les reprochó a cajas destempladas su baja moral aduciendo que la contienda la ganaría quien más rápido y más matara. La formula que él decía. Otra exageración de Castro, que lo que quiere es hacerse el duro y el machito y de paso hacernos creer que los cuadros comunistas eran hombres de acero, "Hombres made in Moscu". Es decir, algo así sucedió en todas las milicias, pero no necesariamente como Castro la cuenta, con esa frialdad. Lo más probable es que a sus hombres no les hiciera ninguna gracia andar de noche prendiendo personas y confiscando dinero y joyas. |
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||