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Antonio Gascón Ricao

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Las leyendas de “El Esquinazau”, supuesto agente del KGB y de la CIA

Beltrán en Moscu en 1941.

Antecedentes

Dentro de la nuestra actual y tibia recuperación histórica, puestos a contar años, hace ya 47 de la muerte en México de Antonio Beltrán Casaña, “El Esquinazau”. Fallecido de cáncer gástrico, en el Hospital Español de México, Distrito Federal (DF), el 6 de agosto de 1960, enfermedad que empezó a padecer en Moscú en 1939. En aquella fecha de su muerte y en España, por motivos políticos, era casi un desconocido, salvo para los suyos o para algún que otro nostálgico republicano.

Tratando de enmendar aquellas desmemorias, a su favor y desde 1981, Beltrán, por fortuna para su memoria, cuenta con dos biografías publicadas,[1] a las cuales se han sumando unos cuantos artículos desde 1978,[2] varias conferencias y diversas notas biográficas aparecidas en distintas enciclopedias o en páginas Web.[3]  

Como no podía ser de otro modo con calle propia en la misma Jaca, desde 2005, que costó casi 25 años el poder “colocar” la correspondiente placa y 75 años, de contar la mítica Sublevación de Jaca de 1930 en la cual participó junto con los malogrados capitanes Fermín Galán y García Hernández, pero con el reconocimiento anterior en su Canfranc natal, placa conmemorativa a la familia y bandera republicana incluida, en 2003, homenaje en el cual se incluyó como correspondía a cuatro de sus mejores amigos.[4]  

A pesar de ello, por no dejar nada en el tintero y a modo de aviso a algún que otro navegante despistado, el presente autor de la primera biografía de 1981, en aquel caso concreto coautor, tardíamente y muy a trasmano fue acusado en 2002, es decir, 21 años después de su publicación, por Esteban C. Gómez, según su espectacular “tarjeta de visita” “¡Ciudadano!”, de ser un vulgar y zafio “fabulador” en todo cuanto hacía a la vida y a la persona de Beltrán, afirmando textual que la “primera biografía (novelada) (sic) contenía inexactitudes y numerosos errores”,[5] aprovechando en su caso el rebufe local de su libro de aquel mismo año, era su segundo “oficial”, en medio hubo otro con autor interpuesto,[6] y en mi triste caso personal después de haber colaborado altruistamente, y mucho, en el parto de su primerizo de 1996.[7]  

Acusador que de aquel modo burdo y en una sola página, foto incluida y sin aportar nada de nada, puso en discusión y a “remojo” a muchos testimonios directos, dejando de paso la figura de Antonio Beltrán Casaña muy maltrecha o cuando menos sumida en la duda en su propia patria chica, y todo ello, evidentemente, por intereses personales y políticos frustrados aunque en su caso bien escudados bajo la protectora capa del  republicanismo. 

Calumnia la suya causada al haberse puesto en solfa su primer trabajo de 1996 en una segunda biografía de Beltrán, mía propia y publicada poco antes en aquel mismo año de 2002, molestado ante la palmaria demostración documental y de análisis histórico de que su idílica visión de la sublevación de Jaca de 1930, a causa del uso y abuso de ciertos diálogos románticos más la ocultación interesada de citas o de una parte importante de ciertos documentos no se correspondía a la realidad puramente historiográfica.[8] Opinión resabiada la suya que le volvió a merecer al año siguiente dos cartas públicas en Jaca, también propias.[9] Sirva lo anterior como ejemplo de que existen dos métodos muy distintos de escribir Historia: el objetivo y el subjetivo, sujetos ambos, como no pude ser de otra forma, a sentencia del lector a última hora juez y jurado de la causa. 

Pero el mundo ha cambiado y mucho, y ahora se podría entrar a discutir si para bien o para mal, y como por fortuna todo llega, ahora ha llegado el momento de rematar, en el buen sentido de la palabra, la historia de Antonio Beltrán, mal que pese a algún recalcitrante nostálgico de viejas glorias estalinistas, culto a la “personalidad” incluido, vertiente en la cual, pienso, nunca he caído de forma consciente, a la inversa que otros. Motivo: en la vida de Antonio Beltrán y en su entorno político, quedan todavía algunos misterios por esclarecer que el mundo, en general, tiene todo el derecho a conocer. En particular el periodo de su vida comprendido entre 1946 y 1947, por tanto, medio siglo atrás y cuando Beltrán todavía pertenecía al PCE de aquella época, por lógica, estalinista hasta la médula.  

Misterios en el caso de Beltrán y de aquel mismo periodo, que bien mirados y contados con los dedos de una sola mano no son tantos, puesto que en su momento aquellos mismos “misterios” fueron el fruto de silencios interesados y de medias palabras. Por parte de unos los que en algún momento determinado fueron digamos sus “compañeros de viaje”, el PCE, o de otros, sus enemigos naturales Franco, y todo el resto. Sectores ambos muy amplios y variopintos, pero que en algún caso concreto y buscando cada uno su interesada razón, se encargaron de forjar de manera diligente una parte muy importante de la supuesta leyenda negra de Beltrán, leyenda que evidentemente, y tal como se va a poder comprobar, no existe.  

Los “amigos” llegaron incluso a la funesta aberración, la historia y el tiempo los juzgará como es debido, de llegar a destruir, sistemáticamente, la pertinente documentación histórica. La propia de Beltrán que en su día existió en el Archivo Histórico del PCE perteneciente a aquel mismo periodo,[10] junto con la de otros de sus fieles compañeros y amigos, piadosamente no damos nombres amigos los suyos que en su momento adoptaron la misma decisión radical que él al salirse del Partido y casi por los mismos motivos, aunque “política común” del PCE en el caso de otros muchos casos ajenos al de él, autores de aquel bárbaro desmán que por supuesto tienen nombre propio y apellidos.  

Haciendo así buena la manida y tópica frase, en este caso a beneficio de sus “amigos”, de que “Roma nunca paga a los traidores”, y con la clara y aviesa intención, por parte de los “amigos”, de poder retorcer cuando quisieran su historia personal y política, pero en función de determinados intereses y de determinados momentos históricos, incluido el actual y tal como al parecer sucedió en el 2002, al suponer y fiar el interfecto de que nunca aparecerían las huellas del “delito”.  

Leyenda negra incrementada por tanto, en el caso de Beltrán, por sus “amigos” y sus enemigos,[11] cuando la realidad pasa, en el plano documental, porque una parte muy importante de ella provino en su día de una serie de documentos internos elaborados por el propio PCE, y destruidos en su momento por los “amigos” tratando de borrar así el rastro. A pesar de ello, cosas del azar o de la buena fortuna, en 2002 se recuperó uno, pensamos que el más fundamental al respecto, al provenir del PCE y ser precisamente el último previo a su salida del PCE, donde se recogen, en palabras del propio Beltrán, sus motivos y sus razones personales para dar semejante portazo.[12]  

Apaga y vámonos, que en principio le significó a Beltrán, en el plano familiar y sentimental, en el más cercano al corazón, cortar de forma radical el nexo de unión con dos personas muy queridas en Moscú, una de ellas, compañera desde la lejana Guerra Civil española, que poco tiempo después de su salida del Partido se verá obligada a tener que “traicionarle” a la fuerza, por su propio bien y por el de una hija común nacida en Moscú.[13] Y en España, tan cercana y a la vez tan lejos, desde julio de 1936, con el corazón también roto, pues desde aquel año había dejado allí, mujer, la primera, y dos hijos más, los primeros. Familia aquella, que por la mala cabeza de Beltrán habían padecido, desde 1936 hasta 1939, penas y prisión sin cuento, sin contar lo que “colgó” dicha familia desde aquel último año, tras el triunfo del franquismo, hasta 1946 y lo que después le siguió colgando.[14]  

Algo similar sucede con el actual documento que a continuación vamos a ver, dado que éste procede del Archivo Militar de Ávila y por tanto, elaborado por el enemigo, con lo cual ya van dos, uno de cada lado, lo que permite el contraste, blanco sobre negro, y donde se descubre la extraña cohabitación y la complicidad antinatural en 1946, por otra parte casi impensable, de determinados servicios de información españoles y extranjeros, los franquistas con los franceses, pero cada uno de ellos, por lógica, con sus propios y oscuros intereses en la época. “Leyenda” enemiga interesada respecto a Beltrán, que supo aprovechar muy bien y en un momento determinado, en su propio beneficio, el PCE, de lo que se extrae la conclusión simple de que los extremos al final se acaban tocando. 

Documentos por tanto al alcance de muy pocos incluso hoy, al ser tan raros, puesto que nos encontramos ante dos documentos que se podrían calificar, sin menoscabo alguno, de supervivientes. El primero proveniente, de aquella “quema” selectiva e inquisitorial, el del PCE, y el segundo, procedente de archivos militares y policiales franquistas, el Archivo Militar de Ávila, pero que en ambos casos arrojan luz sobre la forma y manera de poder elaborar ciertas “historias” sobre la persona de Beltrán, y sirva su ejemplo para otros similares. Historias ocultadas en su momento y en el caso de Beltrán por las partes implicadas y difundidas a medias, a posteriori y con cuentagotas, pero en ambos casos casi siempre manipuladas en función de la fuente interesada del momento, fuera una o la otra, cuestión a última hora indiferente.  

Pero historias al fin y al cabo en las cuales se pone al descubierto que Antonio Beltrán Casaña, de una forma u otra, voluntaria o involuntariamente, dentro o fuera del PCE, formó parte entre los años 1946 y 1947 del gran tablero en el cual se jugó la denominada en aquella época “guerra fría”. Conflicto hoy casi olvidado, que se inició a la conclusión de la II Guerra Mundial, al ponerse frente a frente Estados Unidos y todos sus aliados, en contra de la Unión Soviética y sus aliados, denominados en aquella época, de forma despectiva en Occidente, “países satélites”.  

Cuestión diferente es el tratar de descubrir o de explicar al apacible y desapasionado lector de hoy que hay de cierto en todas aquellas oscuras historias en las que Beltrán estuvo implicado durante aquel tiempo, de las cuales sólo han quedado algunos indicios, y en la mayoría de los casos poco o nada fiables, puesto que Beltrán siempre guardó un férreo silencio al respecto, incluso con su propia y afectada familia, repartida entre Jaca y Moscú, tres en España y dos en la Unión Soviética. 

Pero que en principio, y en el plano más general, nos muestra las oscuras corrientes en las que estaban inmersos varios de los Partidos Comunistas de distintos países de Europa y durante aquellos mismos años, siguiendo, al parecer, órdenes directas de Moscú, o los propios aledaños de la inmigración española, dispersa, primero, tras la derrota de la Guerra Civil española, y en teoría compacta en Francia tras la derrota del nazismo en 1945, en la cual habían participado activamente muchos españoles perdiendo en muchos casos la piel, y parte de aquella emigración con la legítima pretensión posterior de liberar a España del franquismo, pero al final una oposición triste y totalmente dividida en el seno de la llamada Unión Nacional Española (UNE o UN).

Organización creada en Francia, irónicamente en 1943, y por tanto en plena ocupación nazi, por el después fementido traidor y “disidente” Jesús Monzón,[15] en aquel momento responsable del PCE en el país galo, y con la sana pretensión por su parte de atraer a los emigrantes republicanos en Francia, en un intento por constituir un único movimiento político representante de nuestros compatriotas en aquel país. Movimiento del cual después se apoderó el PCE, argumentando falsamente Santiago Carrillo en 1948, que con aquella organización se había pretendido “diluir” el PCE dentro de un movimiento amorfo con la finalidad de “destruirlo”.[16] 

De ahí el interés histórico del documento que ahora hacemos público, respecto a Antonio Beltrán, aparecido en el Archivo Militar de Ávila, y cedido por gentileza de Luis Pérez de Berasaluce, miembro del CSIC, documento que nos permite adivinar y en algún caso explicar con detalle, no sólo de donde partieron ciertas historias referidas a él, sino de paso también el penoso papel jugado por el PCE o la situación existente en Francia en aquellos mismos años, cuyas consecuencias pagaron, de un modo u otro, las dos irreconciliables Españas del conocido poema de Antonio Machado. 

Las primeras noticias

 La primera noticia al respecto que tuvo el autor, en concreto, sobre el papel jugado por Beltrán en Francia y entre los años 1946-1947, desde fuera de la órbita concreta del PCE al cual todavía pertenecía Beltrán en aquel tiempo, fue en 1978. Noticia que provino de una persona en principio digna de todo crédito, el tiempo no lo desmintió, ya que se trataba de Lázaro Beltrán, teniente coronel republicano durante la Guerra Civil española, antiguo miembro del PCE, veterano miembro de las FFI francesas y primo hermano de Antonio Beltrán Casaña, que en una carta publicada en la revista mexicana Siempre en octubre de 1960,[17] muerto ya Beltrán mes y medio atrás, donde aquel recordaba, de forma mordaz, al histórico y controvertido socialista Indalecio Prieto las peripecias vitales de “El Esquinazau”, del cual, don “Incha”, para los “amigos”, había tratado de hacer penosamente y en provecho propio leña a su fallecimiento, acusándolo, en el número del día 12 de octubre y en la misma revista, de ser al final de sus días un agente secreto de la CIA, y por tanto vil esbirro al servicio de Estados Unidos.[18] 

Con aquel artículo en contra de Beltrán tratando de justificar Prieto, su palmario y evidente fracaso personal y político en ciertas conversaciones que había mantenido él infructuosamente con el gobierno de Estados Unidos, y más en concreto aún al no poder conectar en persona con el todopoderoso norteamericano John Foster Dulles, a la sazón y en aquella época Secretario de Estado del presidente Eisenhower, entre los años 1953-1959. Incidente tanto dialéctico como epistolar en el cual también intervinieron entre otros, como no podía ser de otro modo y a favor de Beltrán, Félix Gordón Ordás, ex presidente de la República en el exilio,[19] el propio Manuel Tagüeña Lacorte, uno de los jefes militares republicanos más prestigiosos durante la Batalla del Ebro, comunista en la época y compañero de Beltrán en la Academia Superior del Ejército Rojo M. V. Frunze de Moscú en 1939,[20] y el diputado socialista aragonés Eduardo Castillo Blasco.[21] Muestra por tanto de la patética desunión reinante dentro del propio exilio republicano de México. 

 “…O la memoria le falla (achaques de la edad) o los informadores le sirven mal, o los biberones de su más tierna infancia le dejaron agruras crónicas. El caso es que ni los archivos le valen al veterano político (en tierra de ciegos, el tuerto es el rey), experto en fisión política y en el arte del capitán Araña, para recordar que Antonio Beltrán fue el General (sic) de la 43 División que se mantuvo hasta el último momento en el Pirineo aragonés y catalán. Que pasó a Moscú a estudiar en la Academia Frunze, quien lo duda? (sic) y que conocedor del inglés y del ruso, además de los idiomas propios, tuvo la arrogancia de pasar a Francia para el levantamiento de los países del Mediterráneo Occidental: Francia, Italia y España, cuando terminó la guerra contra el nazismo. Otros estaban en los jugosos pastos del SERE o de la JARE.”[22] 

Noticia a la cual se vino a unir otra anterior de 1976, procedente en su caso del escritor Ángel Ruiz Ayúcar, que apareció en su libro El Partido Comunista, 37 años de clandestinidad, al decir: “Otra actividad realizada por el Partido Comunista (de España) durante 1947 fue el envío de voluntarios a Grecia para ayudar al ejército comunista de “Markos” en su lucha contra el gobierno griego. La recluta comenzó en 1946, estableciéndose oficinas de reclutamiento en México y Francia. A principios de 1947, se constituyó una Brigada, al mando de Antonio Beltrán Casaña (a) “El Esquinazau”, uno de los jefes más caracterizados del ejército rojo (sic) en la guerra de España.” [23] 

Al hilo de ambas noticias, y puesto en contacto epistolar con Lázaro Beltrán, desde hacía años residente por exilio voluntario en México tras su salida de Francia, y con la normal pretensión de aclarar ambas noticias, vino a explicar mediante carta que su primo “El Esquinazau”, residiendo en Francia y trabajando como clandestino en el aparato de pasos del PCE, nunca durante aquel periodo tuvo documentación legal en Francia, al ser el responsable del Sector Central de Pasos desde finales de 1946 y muy poco después del inicio de la Guerra de Indochina aquel año, había mantenido contactos en Francia con “elementos anarcosindicalistas y ultraizquierdistas (troskistas) desmarcados del núcleo comunista “ortodoxo” de la CGT francesa”, con vistas a una Huelga General Revolucionaria que debería tener efecto en Francia, y en la cual aquellos franceses le habían ofrecido al “El Esquinazau” un puesto de mando dentro del aparato militar que se estaba preparando. Proyecto revolucionario, según Lázaro Beltrán, al cual daban respaldo, para extenderlo a su país, los propios sindicatos revolucionarios italianos. 

Aquel proyecto, según explicaba Lázaro Beltrán en su carta de 1978, y que él titulaba “Revolución Mundial”, había logrado el compromiso personal del “Esquinazau”. Proyecto, que según Lázaro Beltrán, fue desbaratado en última instancia por la defección, traición en vulgar, del sindicalista francés León Jouhaux, viejo “communard”  en aquel entonces secretario general de la CGT francesa junto con el comunista Frachon, al escindirse de su sindicato madre el 18 de diciembre de 1947 junto con su grupo Fuerza Obrera (CGT-FO). Deserción aquella de la que no fueron ajenas las grandes centrales sindicales norteamericanas, tal como reconocería su presidente 20 años más tarde. Puesto que la AFL-CIO entregó a Fuerza Obrera 35.000 dólares de la época con los que pagar aquella vil deserción.[24] “Excelente” muchacho aquel Jouhaux, que en 1951 sería oportunamente “premiado”, valga la redundancia, con el Premio Nóbel de la Paz, falleciendo en 1954, con una trayectoria política nada extraña, puesto que en 1938 ya había sido acusado en la propia Unión Soviética de ser un agente “imperialista”.[25] 

En medio de aquella extraña historia en Francia, y sin dar la espalda a nadie, Antonio Beltrán Casaña decidió salirse a la brava del PCE y con la pistola por delante, en los finales de octubre de 1947 en Toulouse sin apoyo ni respaldo alguno, no sin antes dejar muy claro en un Pleno del Comité Central cuales eran en su opinión los graves errores que se llevaban hasta entonces cometidos, autocrítica la suya que a punto estuvo de costarle la piel allí mismo.[26]  

A partir de entonces se desataron los rumores, o según se miren las maledicencias interesadas tanto por parte de la derecha como de la izquierda, en su caso, del PCE, éste último al no haber podido eliminarlo a su salida del local o en dos ocasiones posteriores. Prueba de la propia incompetencia de los Servicios Especiales (SE), encargados por el Comité Central del PCE de aquel tipo digamos de “misiones”, y con un responsable harto conocido al haber sido muy amigo de Beltrán en la época de su estancia en la Unión Soviética,[27] al igual que conocidos suyos eran los “pistoleros” justicieros encargados de su liquidación.[28]  

Desaparecido Beltrán, en apariencia, pues continuaba en Francia, los servicios de información de la Guardia Civil franquista recogieron en el país galo la extraña noticia de que éste había marchado a Grecia, al mando de una brigada de españoles, para luchar junto a los “andartés” del comunista “General Markos”, contra la dictadura del gobierno Tsaldaris, al que apoyaban las fuerzas de ocupación inglesas y los dólares yanquis por motivos obvios. Una noticia, que tal como hemos visto recogía de manera diligente Ángel Ruiz Ayúcar en 1976. 

La gran conspiración

 Aquella conspiración internacional, al parecer diseñada y dirigida desde la Unión Soviética, y de la que hablaba en su carta de 1978 Lázaro Beltrán, sobre la cual, salvo una única excepción, la de Eduardo Comín Colomer, nadie nunca en España ha dicho ni media palabra ni antes o después de él, ni tampoco las gentes nuestras del exilio y menos aún el PCE, en la cual, al parecer, estaba incluido el propio envío de hombres a Grecia “formados” por Beltrán, apareció por vez primera en un periódico ultra católico inglés el The Tablel, en fecha tan temprana como fue el 12 de abril de 1947, pero involucrando directamente en aquella complicada conspiración, no a los sindicalistas franceses, como afirmaba Lázaro Beltrán en 1978, sino al propio PCE, y es que al parecer contra gustos no hay nada escrito.  

Así y según Comín Colomer, el corresponsal de aquel diario en Lyon, Patrick Boarman, afirmaba en aquella fecha que: “El plan […] es el siguiente: El Partido Comunista español, de acuerdo con delegados secretos rusos y yugoslavos así como calificados miembros del PC francés, decidió a primeros de enero (de 1947) iniciar la acción en el mes de abril. El comienzo de un plan de armamentos ha sido cuidadosamente estudiado y se han adquirido armas a la empresa Oerlikon[29] […]  Tan importante acción coincidirá con un vasto movimiento general de los partidos comunistas de la Europa occidental […] Se está redactando un programa de envío directo de hombres y suministros desde Yugoslavia a las fronteras españolas.”  

Según dicho corresponsal católico e inglés, comenzadas las operaciones sobre España, se reunirían diferentes agrupaciones comunistas en un intento por hacer resurgir unas renacidas y vitalizadas Brigadas Internacionales. Pero el golpe general, según Boarman, inspirado por Moscú, debería procurar a la Unión Soviética, caso de triunfar en su conjunto, el control total y absoluto del Mediterráneo. Historia última procedente de Comín Colomer, que venía a enlazar en cierta forma y de manera harto curiosa con los propios comentarios de Lázaro Beltrán, el primo de “El Esquinazau”, contenidos en su carta de México en 1960, publicada en la revista mejicana “Siempre” y dirigida en directo a Indalecio Prieto, al afirmar que su primo “tuvo la arrogancia de pasar a Francia para el levantamiento de los países del Mediterráneo Occidental: Francia, Italia y España, cuando terminó la guerra contra el nazismo.”

 Historia la anterior, que de hecho y en 1957 había publicado en España Eduardo Comín Colomer, en su libro La República en el exilio,[30] es decir, tres años antes de la carta que después escribiría Lázaro Beltrán en México, diciendo Comín Colomer que en aquel complot, al parecer de ámbito internacional, y en el cual participaba Beltrán según su primo, también participaban nombres tan destacados como Thorez, André Marty, Duclós, Frachon, Guyot (Raymond), o Gorgin, todos ellos notorios comunistas franceses, en muchos casos notorios y reconocidos mandamases del comunista  “Quinto Regimiento” durante la guerra civil española de 1936-1939,[31] dando así idea de la magnitud de aquella operación “ruso-comunista”.

 Según el mismo autor, las fuerzas que deberían participar en aquel golpe concreto sobre la España franquista, tenían que distribuirse en cincos sectores –Toulose, Perpignan, Pau, Bayona y Burdeos- con depósitos de armas y municiones en Prades, La Tour de Carol y Bourg Madame, y todo aquel despliegue de fuerzas y material sería supervisado por el coronel soviético Ogromov y su compatriota Segalov. De aquellos mismos personajes también dependían los centros de reclutamiento abiertos en diferentes puntos de Europa. En Italia, por ejemplo, los más importantes eran los de Trieste, Trevise, Módena, Turín y Milán, mientras que Vittorio Brucceri y el coronel Pallars, eran los enlaces entre italianos y yugoslavos respectivamente. Y por tanto, operación que vista desde el punto simplista y deformado del español Comín Colomer, sólo y únicamente atañía a la seguridad de la España franquista y a nadie más.

 También según Comín Colomer, en aquellos días la policía portuguesa del dictador fascista Salazar, fiel aliado de Franco cuando la Guerra Civil española, incluidos sus ínclitos “Viriatos”, había desarticulado en Coimbra una cédula comunista, apresando entre otros personajes, entonces a un desconocido llamado Alvaro Cunhal, alias “Duarte”, posterior e importante dirigente comunista portugués, acusado de conexiones con la URSS por intermedio de Tánger, al parecer un nido infestado de agentes “rusos”.

 Meses más tarde los servicios españoles, y siempre según la versión de Comín Colomer, tuvieron noticia, es de suponer que gracias a la labor de agentes de los servicios de inteligencia españoles, pobrecitos, de la existencia de unas supuestas bases de las nuevas y flamantes Brigadas Internacionales en Francia, Italia y los Balcanes. En Francia se detectó la existencia de cinco Brigadas más, compuestas cada una por 3.000 hombres y formadas por franceses, españoles, polacos, yugoslavos, búlgaros y soviéticos, al mando del general Joinville, de nombre Alfredo Malleret y de André Marty, en versión fascista española “El carnicero de Albacete” en la época del Quinto Regimiento, afincadas primero en Montpellier, de donde pasaron a Lille, se desconoce cómo y de qué forma, pues Comín Colomer no lo explicaba, ocupando militarmente todo lo largo de la frontera belga.

 Igualmente en Italia fueron identificadas, por los servicios de inteligencia españoles, otras cinco Brigadas más, con Luigi Longo de jefe político,[32] y el general Primolets al frente del aparato militar, yugoslavo que al parecer ya había participado en la guerra de España. Dentro de los Balcanes, y según Comín Colomer, se detectaron en Albania y Yugoslavia, bases de entrenamiento en Sombor, Llubliana y Pantsevo, Yugoslavia, y en Gjinokastre y Muro en Albania, demostrando de aquella manera Comín Colomer como se movían los impagables servicios de inteligencia franquistas en 1947.

 Situación política en Francia

 Téngase en cuenta ahora que en aquel entonces el Partido Comunista francés contaba con  ministros dentro del propio gobierno de aquel país. Más tarde, el 4 de mayo de 1947, aquellos mismos ministros comunistas fueron expulsados del gonierno por el socialista Paul Ramadier, el mismo personaje que poco tiempo antes había afirmado en plan patriótico que “cada vez que obtenemos un crédito, perdemos un poco más de nuestra independencia política”, pues de hecho Francia antes de beneficiarse del llamado Plan Marshall, había conseguido varios e importantes créditos de Estados Unidos. Fue por ello que la presencia de los comunistas en el gobierno galo no estimulaba precisamente a determinados partidos políticos a adoptar una política antiestatal y, además, supuestamente golpista.

En junio de 1947, y por aquel mismo motivo, las potencias europeas se reunieron en París dentro del contexto de la guerra fría, a fin de trazar un programa más o menos complementario de recuperación económica de Europa tras la conclusión de la II Guerra Mundial con la victoria de los aliados dos años antes, programa el cual Estados Unidos se había comprometido a financiar de forma directa y sin intermediarios, dejando así de lado a los organismos internacionales que podían muy bien canalizar aquella misma ayuda.

 Durante aquellas reuniones, y en el caso concreto de Francia y de aquellas ayudas económicas procedentes de Estados Unidos, la declaración de principios entre ambos países no pudo ser más explícita al respecto, al declararse que Francia, como uno de “los pueblos libres que están intentado defender su independencia (sic), sus instituciones democráticas y sus libertades contra las presiones totalitarias (léase la Unión Soviética), ya sean internas o externas, tendrá prioridad para la ayuda americana”.[33] En llano, una parte de Francia, la derecha y parte de la izquierda, decidió “comprar” o según se mire “vender su “independencia”, pero pagada en ambos casos, está claro, con dólares norteamericanos, tratando de contrarrestar con aquel pago los posibles intentos golpistas, tanto los internos como los externos.   

 También en Francia, y durante aquel mismo otoño de 1947, la clase obrera francesa, con dos millones de trabajadores en lucha, desencadenó una oleada de huelgas y de ocupaciones de fábricas, que el Partido Comunista francés y la CGT tuvieron que secundar primero a remolque y al final con un aparente entusiasmo revolucionario. Pero la más que oportuna pérdida de cohesión en el seno de la  propia Confederación General de Trabajadores, hecho al que no fueron ajenos los oportunos y benditos dólares, pagados en su caso por las centrales sindicales norteamericanas y por la propia CIA,  destinados a algunos grupos sindicales concretos, incluido el de Fuerza Obrera de León Jouhaux, en conformidad con los objetivos de la política global anticomunista de Estados Unidos dentro por tanto del contexto de la guerra fría, dieron al traste con aquel proyecto revolucionario.

 A principios de 1948, el cambio de la política soviética frente a su antiguo y fiel aliado, el yugoslavo Josip Broz, más conocido por Tito, que casi concluyó en una guerra declarada, acabaron por matar y liquidar aquella esperanza revolucionaria global. Cuestión última la de Tito, que propició y mucho la propia política interna del PCE en Francia, aquel año el PCE volvió de nuevo a cambiar de rumbo, dándole así más argumentos para acelerar las expulsiones o las eliminaciones físicas de antiguos miembros del partido, según los casos, acusados indefectiblemente de sectarios “tititas”, como fue en el caso concreto, por ejemplo, del catalán Joan Comorera, secretario general del PSUC.[34]

 Situación en España

 En España, a groso modo, la situación era muy complicada en aquellos mismos años. En primer lugar a causa del “maquis”, que de forma permanente llevaba luchando incluso antes de concluir la guerra civil en 1939, o de la propia y ambigua postura política adoptada por el franquismo durante toda la II Guerra Mundial (1939-1945), incluido el envío de la División Azul a la Unión Soviética y en apoyo de Hitler, y con la posibilidad permanente y cierta, cual espada de Damocles, de una invasión aliada a la conclusión del conflicto en caso de ganar aquellos, y con planes muy concretos de invasión de España por parte de los aliados.[35]

 Objetivo que al final descartaron los aliados desarmando, incluso, a parte de las unidades españolas que habían participado activamente en la lucha en Francia contra el nazismo en el Sur de aquel país hasta su liberación en 1944, en su caso a parte del renacido XIV Cuerpo de Guerrilleros españoles, y perteneciente a las FFI francesas. Hecho infamante, cuidadosamente ocultado, y en el cual participó en persona el propio general De Gaulle, en un intento de los aliados por abortar la apertura de otro nuevo frente de guerra en España por parte de los españoles republicanos de la UN, hecho último que si al final a alguien benefició fue precisamente a la España de Franco.[36] 

 A niveles más pequeños, existían los intentos por parte de grupos de españoles exiliados, particularmente de catalanes que habían pertenecido a las redes de evasión aliadas en la Francia ocupada, empeñados en crear una causa “belli” en la propia frontera catalana, Andorra o Puigcerdá, que suficientemente aireada por la prensa internacional hubiera obligado a los aliados a tener que tomar partido participando en el conflicto. Planes que fueron también oportunamente abortados por los aliados,[37] hechos que se unieron a las anteriores y masivas invasiones guerrilleras, incluidas las de Navarra y del Valle de Arán de 1944,[38] a los cuales se vino a sumar, tras la conclusión de la Guerra Mundial y con la victoria de los aliados, y por si aún fuera poco, el cierre de la frontera franco-española por resolución formal de la ONU en marzo de 1946, boicot diplomático incluido.

 Aquel último hecho, hizo creer a todo el mundo, durante muchos meses, y en particular a los republicanos españoles exiliados en Francia, que se acercaba el día “D” para la España de Franco. Salvo en los casos de los gobiernos de Inglaterra y Estados Unidos, poco o nada partidarios de aquella liberación de España y por motivos obvios de la recién iniciada guerra fría. La prueba está en el llamado “Informe Kennan”, elaborado por los norteamericanos en 1947, donde ya se estudiaba la posibilidad de dar créditos a la España franquista, dada su clara adscripción a su causa: la anticomunista y católica.[39]

 Un hecho, el de la liberación de España, que de haberse producido, era pura especulación, ya que hubiera provocado la apertura de otro frente de guerra, donde indudablemente habrían participado de nuevo no tan sólo los republicanos del exilio sino también todas las fuerzas revolucionarias de Europa, y que caso de concluir éstas victoriosas, hubiera significado de paso una España radicalmente de izquierdas y, por tanto la gravísima perdida de una pieza fundamental en la defensa de Europa para los Estados Unidos y sus aliados, caso de producirse un conflicto militar directo, tal como se esperaba y preveía, con la Unión Soviética.

 De ahí la propia existencia en España de la denominada Línea Gutiérrez, que se alargaba a todo lo largo y ancho de la frontera pirenaica. Línea defensiva cuyas obras se habían iniciado en 1940 (maquis, II Guerra Mundial, etc.), pero que en febrero de 1948 dejó de tener razón de ser paralizándose con motivo de reabrirse en aquella fecha las fronteras con Francia, y que fue abandonada definitivamente en 1950 cuando las aguas en Europa parecían estar ya más calmadas.[40] 

 Prueba de ello, es que en septiembre del mismo año y en Francia, el gobierno radical socialista francés proscribió el PCE en el país galo, lanzando a toda su policía sobre él. En aquella redada cayó Antonio Beltrán, que sin ser comunista desde finales de 1947, sino más bien todo lo contrario, al trabajar para el gobierno de la República en el exilio, acabó con sus huesos en Córcega, acusado, ironías de la vida, de ser un peligroso agente comunista.       

  La actitud política de Antonio Beltrán Casaña

 Visto aquel complicado escenario político europeo, incluido el español, ahora se podrá entender los vaivenes sufridos por el PCE en Francia durante aquellos mismos años, zarandeado en todos los frentes, tanto internos como externos, o su política oscilante al estar sujeta en todo momento a las ordenes emanadas desde Moscú y radicalmente estalinistas.

 A lo que se unió la propia política de reniegue y rechazo del PCE de las gentes que voluntariosamente sacrificadas habían estado dirigiendo a su aire el partido, con mayúscula, desde la propia conclusión de la guerra española en 1939, dentro y fuera de España, primero, Heriberto Quiñones y después Jesús Monzón, forzados éstos ante la falta absoluta y radical de la Dirección, incluidas las propias luchas internas en la misma Unión Soviética, a la muerte de su secretario general el ex anarquista sevillano Pepe Díaz en 1942, “suicidado” en Tiflis y con un “testamento” político “perdido” en beneficio no se sabe muy bien de quién.

 Purgas posteriores incluidas en la propia Unión Soviética y con el triunfo posterior de Dolores Ibarruri y de su fiel compañero Antón, “orden” del todopoderoso Stalin, con Lister y Modesto “aparcados” y Hernández y Castro, perdón, “jodidos”, dispersa aquella misma Dirección entre la Unión Soviética y México, desde 1939 y hasta su aterrizaje parcial en Francia a principios de 1945 y con el anterior aterrizaje, más bien “parachutaje”, de un relativamente joven Santiago Carrillo, sin cargo oficial alguno dentro del PCE del momento y durante la invasión del Valle de Arán,[41] cuando tampoco consta, documentalmente, quién o cuándo le dio la orden de “frenar” aquellas invasiones guerrilleras, cuyo jefe oficial, el militar, era López Tovar, que al final tuvo que “recular” salvándose de la quema por los pelos al procederse poco tiempo después a la defenestración política de Jesús Monzón y de todos sus compañeros más próximos, incluido Gabriel León Trilla, al que alcanzará en Madrid y, en 1945, la larga mano del PCE.

Hechos que al final propiciaron en Francia, desde 1945, el correspondiente pase posterior de “facturas” y sus correspondientes “purgas” de aquellos “peligrosos disidentes”, acusados en algún caso concreto de trabajar para los servicios enemigos,[42] “espionitis” se llamaba la enfermedad,[43] y con un papel absolutamente nulo del PCE en todo lo que hacía a aquella lucha sorda entablada entre Occidente y Oriente a la conclusión de la II Guerra Mundial, o al menos no consta, tal vez dada la propia insignificancia del PCE en aquel complejo juego de titanes.

 De ahí que se podrá entender o según el caso disculpar, la postura personal y política adoptada por Antonio Beltrán Casaña, “El Esquinazau”, en aquel tiempo muy crítica con el propio Comité Central del PCE al que llegó a calificar, con toda la razón del mundo, de incompetente en todo lo que hacía a la lucha guerrillera interior[44] y ante la política adoptada por el Partido contra determinados y notorios miembros suyos, eliminaciones físicas incluidas.[45] Por ello, de forma muy simple, no es de extrañar que tal como afirmaba su primo Lázaro Beltrán, “El Esquinazau” se inmiscuyera, dada su particular y privilegiada visión desde la atalaya del PCE, en aquel plan global revolucionario y puesto en una esquina lejana, pero que formaba parte de aquella misma guerra fría general.

 Noticia sobre él y su participación, aunque muy deformada tal como se aprecia en el documento anexo, que llegó a la España franquista por extraños vericuetos y con una frontera pirenaica cerrada a cal y canto por resolución de la ONU, pero a buen seguro procedente de algún grupo de los servicios de inteligencia franceses, se supone que de los sectores anticomunistas y en conexión, por tanto, obviamente con los franquistas, información o ficha sobre él que diligentemente fue filtrada e introducida, es de suponer que por “consejo” del propio PCE y con la ayuda inestimable del sector comunista en la propia policía gala, en todos los ficheros de las policías europeas y sudamericanas, es decir, de los aliados, y tras la salida a la brava de Beltrán del PCE a finales de 1947, “quemándolo” así y de esta forma, personal y políticamente, al no poder ser liquidado físicamente en dos ocasiones anteriores por el PCE, ficha que le perseguirá ya siempre como un sanbenito inquisitorial y con la cual se topará, incluso, en la América Latina.

 De hecho, la información o ficha policial que ahora hacemos pública, pertenece a la información que sobre él se poseía en España, procedente a su vez, y tal como se afirma en dicho informe, de “los servicios de información franceses” que aunque no recoja la fecha de su elaboración se podría situar entre mediados y finales de 1946, y donde se le califica de antiguo y destacado miembro al servicio de la Unión Soviética desde 1940, en su caso jefe de una parte de los servicios soviéticos en Francia desde 1940 hasta 1942, en aquella época la NKVD y en 1954 trasformada en el KGB, que tras conseguir huir de Francia aquel mismo año, pasando por su Canfranc natal, atravesando desde allí de cabo a rabo la España franquista, se pudo refugiar en Gibraltar, reducto inglés y por tanto aliado, donde fue reclamado como “súbdito” por la embajada soviética de Londres, marchando de esta forma, se ignora por qué conducto, a Moscú capital sitiada por los nazis alemanes desde octubre del año anterior.

 Hecho el anterior de arriba a abajo totalmente falso, puesto que en aquellas fechas con una Francia ocupada por el nazismo, Beltrán ya estaba en la Unión Soviética desde mediados de 1939 y más concretamente en la Academia Frunze de Moscú, pero acusación interesada lanzada en 1946 y 1947 en la misma Francia, que hacía de él un elemento peligrosísimo dentro del contexto de la guerra fría, al ser un fiero y notorio “agente” comunista enemigo, y por tanto un blanco a abatir dónde y como fuera.  

Del mismo informe se desprende de donde salió la interesada información de la entrada en Berlín de Antonio Beltrán al frente de una unidad de tanques soviéticos en 1945, [46] hecho también falso, pero que corrió por Jaca, su patria chica, por boca de la propia Guardia Civil, interesada en difundir así su leyenda de “rojo” irredento, o la dada por Ángel Ruiz Ayúcar en 1976, respecto a la participación de Beltrán en la formación y envío de una brigada a Grecia, un poco más tarde en apoyo de las guerrillas comunistas griegas. Un clavo más para su ataúd pero hecho totalmente falso, o el del envío de otra fuerza, supuestamente formada por él, a Las Landas en Francia con la misión de entrenar españoles e italianos para no se sabe muy bien qué oscura misión, salvo que sea la descrita con todo lujo de detalle por Eduardo Comín Colomer en 1965, personaje en aquella época secretario de una división de la Brigada Político Social, erigiéndose por ello en experto escritor de temas del PCE. Delirante historia la suya relatada como justificación de la salvación de España en los años 1946 y 1947, y gracias, es de suponer, a la gran perspicacia del “Caudillo”.

Como igualmente falsa resulta la noticia de que la embajada soviética de París le encargó a Beltrán, se supone que entre finales de 1946 y principios de 1947, el mando de unas supuestas y renacidas “Brigadas Internacionales”, con un número total de “400.000 combatientes”, muchos hombres nos parecen, pero, según aquellas mismas fuentes francesas de información, dispuestos a “liberar” Francia del régimen “democrático”, apostillamos, régimen democrático “recuperado” tal como ya hemos visto por la derecha y con una parte de la izquierda francesa comprada gracias a los dólares norteamericanos, pero a costa de liquidar primero de sus cargos en el gobierno al PCF, destruyendo de paso la hasta entonces firme y férrea unidad de los sindicatos obreros franceses.

 Cuestión distinta, peor para las leyendas, las de un lado o del otro, es que tal como afirmaba su primo Lázaro, Beltrán hubiera sido sondeado a finales de 1946 por grupos radicales de la izquierda francesa, situados al margen de la ortodoxia estalinista imperante, posiblemente muy preocupados al igual que él, de que en el supuesto caso de que Francia mediante el golpe que se estaba preparando al parecer por parte de los comunistas ortodoxos, cayera en manos aún peores, a la vista de la experiencia sufrida tanto en España como en la Unión Soviética por anarquistas y troskistas acusados y perseguidos por “traidores”, sin hablar ya de la experiencia que estaban sufriendo en aquellos mismos años y en el “paraíso socialista” los antiguos miembros de las propias Brigadas Internacionales españolas,[47] o muchos comunistas dentro del seno del PCE en la misma Francia.[48]

 Hechos los anteriores que repugnaban y mucho a Beltrán, y contra los cuales se dispuso  a luchar a su salida del PCE con las manos libres, y con tal de evitar el triunfo donde fuere del estalinismo que ya conocía en carne propia, éstas fueron sus propias palabras, poniéndose en su caso al servicio único de la República española en el exilio, por la cual ya había luchado en Jaca en diciembre de 1930 junto con Fermín Galán y García Hernández, mientras que otros andaban todavía por la luna de Valencia.

 Hecho, el de la Republica, que Beltrán reprochó al Partido con vehemencia en su última reunión en el Comité Central entre otros muchos, pues el PCE ya había “olvidado” en 1947 la causa legítima de la República, si es que en alguna ocasión el PCE había creído de verdad en ella, pues su aniversario de aquel mismo año en abril fue omitido de forma ostentosa en Mundo Obrero.[49] Omisión puntual que molestó, a parte del propio Beltrán, a muchos exiliados republicanos de todas las tendencias políticas, con lo cual se pude entender, en cierto modo y 30 años más tarde, la aparatosa renuncia posterior a la República del propio Santiago Carrillo al legalizarse el PCE en 1977.

 Hecho, el de la renuncia a la República como tal, a la de 1931, la de todos, por parte del PCE en consonancia con el viraje realizado por la nueva Kominform,[50] que se demostró en los finales de 1947 al poner el acento aquel año en que el nuevo régimen que sucedería al franquismo, de triunfar en su lucha, sería una “República Popular”, y por tanto, por si existía alguna duda al respecto, una “República” de corte totalmente estalinista.[51] 

Pero el comentario de Beltrán fue más allá, al afirmar en aquella misma tensa reunión que los republicanos “Piensan: “Vamos a ayudar a los comunistas a liberar España, pero luego nos van a aislar (sic)”,[52] dando a entender a las claras Beltrán que el PCE marchaba a su aire, aislado y “aislando” a quien fuere con tal de conseguir sus objetivos, entre los cuales  no estaba precisamente el de volver a reimplantar de nuevo la República en España en el caso hipotético de alcanzar la victoria, sino el implantar un estado a su medida y claramente estalinista, y es que está más que visto que bajo la bandera tricolor todo cabía.   

 Para acabar de adobar lo anterior, sólo faltó a su muerte en México en 1960, la falsa acusación de Indalecio Prieto de la pertenencia de Beltrán a los servicios de información norteamericanos, en llano, a la CIA, y cuando justamente el primero que le dio la espalda a su salida del PCE en 1948, había sido el propio Indalecio Prieto, ya  que llevó a Beltrán durante mucho tiempo en razones, razones que volvieron a dar hipotéticamente la “razón” al PCE, de manera colateral, al establecer contacto Beltrán con gentes non gratas para el PCE en aquel momento,[53] dado el propio “silencio de Prieto, pero fuera de toda sospecha de ser precisamente agentes franquistas infiltrados.

 “Deporte” aquel de la infiltración que, en opinión del PCE era una epidemia letal y muy extendida, paranoia que llegó al extremo tal de “confundir”, por ejemplo, como agentes “infiltrados” a los pobres militantes comunistas que se acercaban por pura y dura obligación a la embajada española en Francia tratando de conseguir los papeles necesarios de sus respectivas familias, en un intento desesperado por sacarlas de España después de, como mínimo, 9 años de cruel separación, hecho que ahora se denomina de normal reagrupación familiar, “pagando” así muchos aquella gestión con la expulsión inmediata del Partido, y según el caso, con la propia vida.[54]   

 Asunto el de su supuesta pertenencia a la CIA de Beltrán a los finales de los 50, suficientemente aclarado por el entonces Presidente de la República española en el exilio, Félix Gordón Ordás, con el cual mantuvo conversaciones Beltrán a su llegada a México en 1957, en presencia de Lázaro Beltrán y de Julián Borderas, viejo diputado socialista, tal como aparece en su libro Mi política fuera de España,[55] y en perjuicio del propio Indalecio Prieto y de sus marrulleras artes políticas, pues si Beltrán trabajó para algún servicio a su salida del PCE en 1947, fue para el de la República, que dirigió su compañero y amigo Julio Just desde la cartera ministerial de Acción en el Interior y en el Exilio,[56] entre los años 1951-1960 y entre el 56 y el 60, compartida a medias con el propio Félix Gordón Ordás y por tanto éste sabía perfectamente lo que se decía. 

 Cuestión distinta fue el que los propios servicios franceses, en su caso el Servicio de Seguridad Interior (SSI), le propusieran a Beltrán a su salida del destierro forzado de Córcega en junio de 1952, el trabajar para ellos por mediación del diputado francés de la extrema derecha Jean-Paul David, al estilo de lo que en España ya estaba haciendo desde 1950 el ex dirigente comunista Enrique Castro Delgado,[57] al parecer “rehabilitado” para la “causa” por el franquismo y recaptado por el mismísimo Comín Colomer. Servicios franceses representados a posteriori en la persona y figura de Delanoir, Prefecto en Burdeos a finales de los sesenta, y que al negarse Beltrán al “apaño” se encargó de ponerle dos “perros” de presa con la misión de seguirle los pasos de noche y de día. Pero lo último es otra una nueva historia. 


NOTA QUE SE CITA

 Se tiene conocimiento de que ANTONIO BELTRÁN CASAÑA (A) “El Esquinazau”, una vez derrotado el Ejército Rojo en España, en el que alcanzó el grado de General (sic), mandó la 43 División, se internó en Francia, donde empezó a colaborar con los servicios rusos (sic). En el año 1940, fue nombrado jefe de un grupo de Agentes comunistas en dicho país, cargo que estuvo desempeñado (sic) hasta el año 1942. En 1942 abandonó Francia, averiguando los servicios de información francesa (sic) que pasó clandestinamente la frontera Franco-española (sic) por el límite fronterizo de Canfranc de cuyo pueblo es natural, internándose en España y trasladándose a Gibraltar una vez llegados (sic) a Gibraltar, fue reclamado como súbdito ruso, por la embajada de Rusia (sic) en Londres, marchando a dicho país. En Rusia (sic) ingresó en una academia Militar (sic) de cuya escuela salió en el año 1944 con el grado de Comandante, pasando a mandar una Unidad (sic) de tanques, en el mando de la misma entró uno de los primeros en la ciudad de Berlín, cuando su toma por el Ejército ruso (sic) en el año 1945.

Terminada la guerra mundial marchó a Francia, trasladándose al campo de concentración de Tívoli, situado en la frontera franco-italiana, donde reclutó a elementos de acción, entre súbditos de nacionalidad yugoeslava allí concentrados, a los que instruyó convenientemente para la guerra de guerrillas, siendo trasladados unos a Grecia y otros a los bosques de las Landas, cerca de Burdeos, en donde permanecen en la actualidad, pudiéndoles considerar como instructores de un grupo de españoles e italianos que en número de 3000 se dedican a trabajos forestales en los citados bosques.

No hace todavía tres semanas, ha sido nombrado por la U.R.S.S. (sic) Jefe Supremo de las Brigadas Internacionales, que se cree, tiene el propósito de organizar en Francia, para luchar a favor de Rusia en caso de una nueva guerra. Dichas brigadas estarán integradas en su mayoría, por los españoles exiliados, italianos, crecos (sic), yugoeslavos (sic), alemanes hoy en día prisioneros en campos de concentración franceses, y comunistas franceses esperando poder reunir a un número aproximado de 400.000 dispuestos a luchar en Francia por la idea comunista.

En su nuevo cargo, recibe órdenes directas del General KOMAROF agregado militar de la Embajada rusa (sic) en París de la que recibe gran cantidad de dinero, para pagar a los numerosos enlaces y agentes comunistas.

Habla a la perfección, Alemán (sic), inglés, francés, ruso, español y un poco de italiano.

Los servicios de información francesa (sic), le consideran como elemento peligrosísimo, por su gran capacidad organizadora”.


[1] R. Ferrerons y A. Gascón, El Esqui­nazau. Perfil de un luchador, Zaragoza, 1981; A. Gascón Ricao, Beltrán, el Esquinazau, Jaca, 2002.

[2] R. Ferrerons y A. Gascón, El Esquinazau, un guerrillero aragonés del siglo XX.  Nueva Historia, nº 16, Barcelona, mayo de 1978; R. Ferrerons y A. Gascón, Resistir es vencer. Andalán, nº 170, Zaragoza, 16 de junio 1978; R. Ferrerons y A. Gascón, El Esquinazau. Historia 16, nº 58, Madrid, febrero de 1981; R. Ferrerons y A. Gascón, Los Hechos de Jaca y “el Esquinazau”. Historia y Vida, nº 204, Barcelona, marzo de 1985; Marc Ripoll, 1) “El Esquinazau” (Bielsa-Parzán-Aragnouet), Paseos y escapadas irrepetibles. Las rutas del exilio, 2005; “El Esquinazau” (1897-1960). La guerra Civil Española mes a mes, Junio 1938, nº 26,  Madrid, 2005; A. Gascón, Antonio Beltrán, El Esquinazau. La Guerra civil en Aragón. La ofensiva final franquista: del Maestrazgo a la batalla del Ebro, nº 10,  Zaragoza, 2006.

[3] R. Ferrerons y A. Gascón, El Esquinazau. Conferencia patrocinada por el Centro Cultural y Recreativo Aragonés de Barcelona. Barcelona, 22 de octubre de 1981; A. Gascón, Antonio Beltrán, el Esquinazau. Acto patrocinado por el Centro Aragonés de Barcelona y el Centre Artesa Tradicionarius (CAT). Barcelona, diciembre de 2002. Antonio Beltrán Casaña, Gran Enciclopedia Aragonesa Online, Zaragoza, 2006; Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, Madrid (en prensa); A. Gascón, Antonio Beltrán Casaña. Pág. Web http://www.sbhac.net/Personajes/Personajes.htm, 2005; Pág. Web, es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Beltrán_Casaña, 2006; R. D., Antonio Beltrán Casaña, Dictionnaire des guerrilleros et résistans antifranquistes 1936-1975. Los de la sierra, febrero 2007.

[4] “El municipio rinde homenaje a cinco antifranquistas”, Heraldo de Aragón, 16 mayo 2003, p. 29; “Homenaje en Canfranc a 5 luchadores contra Franco”. Heraldo de Aragón, 16 mayo 2003, p. 21.

[5] Esteban  C. Gómez, El eco de las descargas. Adiós a la esperanza republicana, Barcelona, 2002, p. 544. Comentario en singular que por tanto me hacía responsable único, según él, al ser “el biógrafo oficial de Beltrán (sic)”, título que no merezco y que nadie me ha dado salvo él, olvidando de manera cuca referir al lector que aquel libro de 1981, precisamente, fue finalista del premio Joaquín Costa de Historia de aquel año, patrocinado por Unali, editora de la Enciclopedia Aragonesa, y por la Diputación Provincial de Zaragoza, sujeto a un jurado que presidió el malogrado Pedro Laín Entralgo, o con jurados tan preeminentes tales como, por ejemplo, Eloy Fernández Clemente, a diferencia de las tres publicaciones del propio E. C. Gómez auto editadas por él mismo. 

[6] Enrique Vicién Mané, La II República en Jaca. Una época diferente, Barcelona, 1998.

[7] E. C. Gómez, La insurrección de Jaca. Los hombres que trajeron la República, Barcelona, 1996, Agradecimientos, p. 7.

[8] E. C. Gómez, La insurrección de Jaca.

[9] A. Gascón Ricao, Beltrán, el Esquinazau, Jaca, 2002; A. Gascón, “Carta abierta a Esteban C. Gómez”, El Pirineo Aragonés, Jaca, 6 de junio 2003; A. Gascón. “A oscuras”. El Pirineo Aragonés, Jaca, 29 de agosto 2003. E. C. Gómez: “Sin ira, respuesta a Antonio Gascón”. El Pirineo Aragonés, 14 de agosto 2003.

[10] A. Gascón. “A oscuras”. El Pirineo Aragonés, Jaca, 29 de agosto 2003.

[11] De ahí que a la fuerza tengamos que utilizar como fuentes autores tales como Eduardo Comín Colomer, Félix Aguado Sánchez o Ángel Ruiz Ayúcar, a riesgo de que algún “despistado” ideológico nos acuse de nuevo por utilizar, según sus palabras, “fuentes enemigas” o “fuentes envenenadas”.

[12] Última intervención de Antonio Beltrán en el PCE, Archivo Histórico del PCE. Sección Movimiento Guerrillero, Aparato de Pasos. Ver A. Gascón, Beltrán El Esquinazau, Jaca, 2002, pp. 351-355.

[13] Elena Legáz y Olga Beltrán Legáz. “Traición” aquella de Elena, que tras tener que renegar de Beltrán en la Unión Soviética, siguiendo la manida fórmula de la “autocrítica”, al haber compartido su vida con un palmario “traidor” al PCE, para sobrevivir, tuvo que “casarse” con el comunista Nemesio Pozuelo, alias “El “Mangas”, apelativo en boca de Enrique Lister, camarada a la sombra de Ignacio Gallego, y éste a su vez de Santiago Carrillo. Entrevista con Elena Legáz, Madrid, invierno de 1978. Entrevista con Enrique Lister, Madrid, invierno de 1978.   

[14] Teodora Bescós y Esther y Roentgen Beltrán.

[15] Manuel Martorell, Jesús Monzón, el líder comunista olvidado por la Historia, Pamplona, 2000.

[16] Joan Estruch, El PCE en la clandestinidad 1939-1945, Madrid, 1982, pp. 69-146.

[17] Indalecio Prieto, “Aventuras del Esquinazau”, revista Siempre, nº 381, 12 de octubre de 1960.

[18] Con indiferencia de dicha carta de Prieto, y para conocer más detalles ver de Indalecio Prieto Convulsiones de España, México, 1967.

[19] Félix Gordón Ordás, revista Siempre, nº 382, 19 de octubre de 1960, México.

[20] Carta de Indalecio Prieto a Manuel Tagüeña, noviembre de 1960. Ver R. Ferrerons y A. Gascón,  El Esquinazau, perfil de un luchador, Zaragoza, 1981, p. 109, foto número 41. Para conocer la andadura de Beltrán en la Guerra Civil y en la Unión Soviética, ver Manuel Tagüeña, Testimonio de dos guerras, México, 1973. Carta de Carmen Parga, viuda de Manuel Tagüeña, enero de 1979. “A nosotros –explica Carmen Parga- nos pareció muy duro y sobre todo Tagüeña lo resintió porque era muy sensible a este tipo de acusaciones y muy consciente de que eran los propios comunistas los que lanzaban el bulo para confirmar el axioma de que ‘el que no está con los comunistas está con el imperialismo, la CIA, etc.’, utilizado para frenar las deserciones”. Entrevista con Carmen Parga, Barcelona, junio de 1977.

[21] Eduardo Castillo Blasco, diputado socialista por Zaragoza en febrero de 1936,  “In Memorian”, El Mercurio de México, agosto de 1960

[22] Carta de Lázaro Beltrán a la revista Siempre, México, octubre 1960. JARE, Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles, dependiente de Indalecio Prieto. SERE, Servicio de Emigración para los Republicanos Españoles, dependiente del ex presidente republicano Juan Negrín. Ver Sonsoles Cabeza Sánchez-Albornoz, Historia política de la Segunda República en el exilio, Madrid, 1977.

[23] Ángel Ruiz Ayúcar, El partido comunista, 37 años de clandestinidad, Madrid, 1976, pp. 92-93; F. Aguado Sánchez, El maquis en España, Madrid, 1975.

[24] Diario Le Monde, 10-6-67. Citado de André Barjonet, La CGT. Un análisis  crítico del sindicalismo francés, Barcelona, 1971.

[25] “Dos agentes del imperialismo <<democrático>>”, traducido del ruso al inglés por Marilyn Vogt, publicado en México en la revista Hoy, el 4 de noviembre de 1938, con el título de “Jouhaux y Toledano”.

[26] Enrique Lister, ¡Basta!, Una aportación a la lucha por la recuperación del Partido, Madrid, 1978, “El “caso” Beltrán”, pp. 227-228. Entrevistas con Enrique Lister, Madrid, invierno de 1978.

[27] Manuel Tagüeña, en su libro Testimonio de dos guerras, da sabrosos detalles de aquella amistad, a la vez que apunta al más que posible “trabajo” que tenía aquel “amigo” en la propia Unión Soviética, y dentro de la propia emigración española en aquel país.

[28] Entrevistas con Enrique Lister, Madrid, invierno de 1978.

[29] Empresa suiza fundada en 1906, que en 1936 creó una empresa dedicada en exclusiva a la fabricación y desarrollo de armas antiaéreas. Es famosa por su cañón de 20 mm Oerlikon FF, utilizado tanto en la I como en la II Guerra Mundial.

[30] Eduardo Comín Colomer, La República en el exilio, Madrid, 1957, pp. 386-419.

[31] Juan Modesto, Soy del Quinto Regimiento, Barcelona , 1978.

[32] Luigi Longo, político italiano, participó en 1921 en la fundación  del Partido Comunista Italiano (PCI). En 1933 era miembro de la KOMINTERN, y en 1936 participó en la Guerra Civil española con el alias de “Gallo”, llegando a ser Inspector General de todas las Brigadas Internacionales. En 1943, durante la II Guerra Mundial, fue uno de los principales organizadores de la resistencia antifascista en Italia. Diputado en 1946 por el PCI, a la muerte de Togliatti, en agosto de 1964, fue elegido secretario general del Partido, cargo que ocupó hasta 1972, año que dicho cargo pasó a manos de Enrico Berlinguer, uno de los fundadores del Eurocomunismo. Falleció en 1980. 

[33] Dean Acherson. Citado de David Horowitz, Estados Unidos frente a la Revolución Mundial, Barcelona, 1968.

[34] “El “caso” Comorera”, Enrique Lister, op. cit., pp. 228-231.

[35] Testimonio de John J. Berry en Ferrán Sánchez Agustí Maquis y Pirineos. La Gran Invasión (1944-1945), Lérida, 2001, p. 246.

[36] Marc Edquard, Les cent jours de la République Rouge des maquis, París, 1968.

[37] Entrevista personal a Franceses Viadiu i Vendrell, Barcelona, verano de 1980, delegado de Orden Público de la Generalitat en Lérida cuando la Guerra Civil española; Andorra, cadena de evasión (1942-1944), Barcelona, 1974. Ver Ferrán Sánchez Agustí, op. cit., pp. 253-262.

[38] A. Gascón, “1944: La Reconquista empieza en los Pirineos”. Historia y Vida, extra núm. 81. Barcelona, junio de 1996.

[39] Carlos Barciela López, La ayuda americana a España (1953-1963), Alicante, 2000.

[40] Ferrán Sánchez Agustí, op. cit., Capítulo 12. A la inversa, en 1949 Mao Tse Tung ganó la guerra civil en China, en abril se creó la OTAN, y en junio del año siguiente se inició la guerra de Corea. De este modo el escenario geopolítico había cambiado trasladándose de Europa a Asía. De ahí que en aquel mismo año de 1950 Estados Unidos concediera los primeros créditos al régimen franquista, y que en septiembre del mismo año, el gobierno galo, radical-socialista, proscribiera el PCE en Francia. Debió ser por aquello de las llamadas “casualidades”.

[41] Enrique Lister tenía toda una hermosa teoría sobre aquel “apasionante” viaje de Santiago Carrillo al Valle de Arán, ex secretario de las JSU salido de Cuba en barco, llegado al Norte de Francia ocupado por los aliados, desembarcado en Francia y traslado oportunamente en coche a la retaguardia guerrillera en noviembre de 1944, se supone siempre que con la “bendición” y el “apoyo” de los norteamericanos, puesto que en diciembre los alemanes tomaban todavía la iniciativa en las Ardenas. Entrevista con Enrique Lister,  Madrid, invierno de 1979. 

[42] Fusilado Heriberto Quiñones el año 1942 en España y por Franco, discutido y controvertido personaje que se había encargado de reconstruir el PCE desde 1940 y hasta su muerte, no le salvó precisamente de ser “depurado” y acusado por el PCE de ser un agente franquista o británico, a gusto. Ver David Ginardi i Ferón, Heriberto Quiñones y el Movimiento Comunista en España (1931-1942), Palma-Madid, 2002. Véanse, además, los casos concretos de Jesús Monzón Reparaz, o el de Gabriel León Trilla, asesinado a puñaladas en el Campo de las Calaveras de Madrid, riña de “homosexuales” en versión franquista, por el grupo de Cristino García Granda, héroe de la Resistencia francesa, que con motivo de aquella misma operación absurda pagó con su vida al ser fusilado junto a sus compañeros de aventura también en Madrid, o los casos de muchos otros militantes comunistas. Ver en Enrique Lister, ¡Basta!, Madrid, 1978. También de Enrique Lister, Así destruyó Carrillo el PCE, Barcelona, 1983.  

[43] J. Estruch, op. ct, pp. 149-151.

[44] Última intervención de Antonio Beltrán en el PCE, Archivo Histórico del PCE. Sección Movimiento Guerrillero, Aparato de Pasos. Ver A. Gascón, Beltrán El Esquinazau, Jaca, 2002, pp. 351-355.

[45] Una muestra temprana de aquel tipo de política por parte del PCE, dentro de la UN, apareció en el nº 6 de La Batalla, boletín interior del POUM en Francia, de 29 de septiembre de 1945, donde se decía: “La Unión Nacional sólo tiene en su haber la muerte violenta y traidora de docenas de antifascistas”. En 1946, fue el PSOE el que denunció aquellos crímenes durante su II Congreso en Francia diciendo: “Unos cuantos compañeros nuestros han pagado con su vida al querer mantener su independencia y fidelidad al Partido”. II Congreso del PSOE en Francia, Toulouse, 1946. El tema siguió coleando hasta octubre de 1953, momento en que las autoridades francesas detuvieron a siete ex guerrilleros españoles de UNE acusados del asesinato de trece españoles, poco después de la liberación del Midi en los finales de 1944. “L’arrestatiom d’assassins espagnols dans l’Aude”, en BEPI, núm. 99, diciembre de 1953; núm. 100, diciembre de 1953; núm. 102, diciembre-enero de 1954, y núm. 103, enero de 1954. Citado por J. Estruch, El PCE en la clandestinidad 1939-1945, pp. 86-87, notas 43 y 44.

[46] Curiosamente dicha “leyenda” de la entrada de Beltrán en Berlín, apareció en el libro La Bossa de Bielsa de Estanislau Torres de 1977, donde el autor afirmaba: “Lo que si es cierto es que, como tantos otros militares (republicanos) emigró a Rusia, donde, según me escribe un corresponsal <<consiguió el grado de coronel del Ejército ruso y fue uno de los primeros en entrar en Berlín>>”. Estanislau Torres, La Bossa de Bielsa, Barcelona, 1977.

[47] Artur Gerad  London, La confesión, Madrid, 1970.

[48] Enrique Lister, op. cit, Capítulo IV. pp. 211-264.

[49] Última intervención de Antonio Beltrán en el PCE, ob. cit., pp. 351-355.

[50] La Kominform, acrónimo en ruso que significa Oficina de Información de los Partidos Comunistas y Obreros, fue creada por la Unión Soviética en septiembre de 1947 como respuesta al Plan Marshall, organización aquella que en cierta forma venía a suplir el vacío tras la desaparición en marzo de 1943 del Komintern, la Internacional Comunista, más conocida como la III Internacional.

[51] La mejor exposición teórica de aquella orientación política del PCE  en 1947 se encuentra en el artículo de Félix Montiel “España fue República Popular y volverá a serlo”, Nuestra Bandera, diciembre de 1947.

[52] Última intervención de Antonio Beltrán en el PCE, ob. cit., pp. 351-355.

[53] Entre ellos con el republicano Carlos Montilla, su antiguo jefe durante la época de administrador de Los Arañones, en Canfranc entre 1932–1936, o con Félix Montiel, que se desvinculó del PCE con motivo del pacto germano-soviético en agosto de 1939, pero que volvió a vincularse a raíz del viraje político a causa de la invasión de la URSS por los nazis en 1942, aunque expulsado definitivamente en 1948 al criticar la posibilidad de implantar en España una “democracia popular”, expulsión que no se hizo pública por parte del PCE hasta principios de 1949. A su expulsión, pasó a formar parte en 1950 de Acción Socialista, que defendía la política de Tito en Yugoslavia tras la ruptura de éste con la Unión Soviética en 1948. Félix Montiel, “Carta abierta a los miembros no comunistas de la Casa de Cultura de Santiago de Chile”, Acción Socialista, núms. 27-28, 15 de marzo de 1952 

[54] J. Estruch, op. cit., pp. 168.

[55] Félix Gordón Ordás, Mi política fuera de España, México, 1965.

[56] Julio Just Gimeno. Valencia 1897 - París en 1976. Uno de los fundadores de Esquerra Valenciana. Diputado en las Cortes constituyentes en 1933 y 1936. Ministro de Obras Públicas entre 1936 y 1937. Miembro de Izquierda Republicana en el exilio, formó parte en 1947 del gobierno de Rodolfo Llopis, como ministro de Gobernación e Interior y Defensa. Entre 1951 y 1956, formó parte del gobierno de Félix Gordón Ordás como  ministro de Acción en el Interior y en el Exilio. De 1956 a 1960, y de nuevo con Gordón Ordás, asumió los ministerios de Gobernación y Interior y Justicia, compartiendo con Gordón Ordás la cartera de Acción en el Interior y en el Exilio. Durante el gobierno de Herrera, asumió Gobernación e Interior y la Vicepresidencia del gobierno republicano. Con la presidencia de Claudio Sánchez Albornoz, fue ministro de Justicia y Emigración. Y por último, durante la presidencia de Valera, fue ministro de Gobernación y Interior, Emigración y la vicepresidencia del gobierno.

[57] Al finalizar la guerra civil en 1939, Enrique Castro huido desde Monóvar (Alicante) se exilió en la URSS, formando parte en Moscú, junto a Francisco Antón, Vicente Uribe y Pedro Fernández Checa, del comité directivo de la Escuela Planiernaya, institución encargada de formar a los cuadros españoles del Partido. Como representante del PCE, fue miembro de la Komintern, y durante un tiempo secretario particular del ya muy enfermo secretario general del PCE José Díaz Ramos, apoyando la candidatura de Jesús Hernández Tomás a dicho cargo, tras el suicidio en 1942 de José Díaz en Tiflis (URSS), al cual sustituirá finalmente Dolores Ibarruri, la Pasionaria. En 1944, a la expulsión del PCE de Jesús Hernández, afincado en México, en mayo, estando en Moscú, fue expulsado del Comité Central por su apoyo a la candidatura de Hernández. A su salida de la URSS en 1945, se unió en México al grupo de Hernández, formando parte del grupo Movimiento Comunista de Oposición. Regresó a España en 1950, donde con el apoyo de los falangistas, escribió diversos libros de cariz netamente anticomunista, colaborando en los diarios El Español y el católico Ya, bajó el seudónimo de “Jorge Manrique”. Murió en Madrid en 1962. 

Antonio Gascón Ricao