S.B.H.A.C.

Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores

Memoria Introducción Carteles Fuerzas Personajes Imágenes Bibliografía Relatos Victimas Textos Prensa Colaboraciones

Antonio Gascón Ricao

Enlaces

 Puntualizaciones y controversias en torno a la voladura, por las tropas republicanas, de la central eléctrica de Lafortunada (Huesca)

Resulta curioso observar como con el paso del tiempo se  va modificando y retorciendo la historia. En este caso la de la voladura de la central eléctrica de Lafortuna, a manos del ejército de la República, de la cual el presente autor fue en su día el responsable primero de darla a conocer.

Así, que en un intento por poner las cosas en su sitio, y de paso con la sana intención de enmendar los entuertos producidos en dicha historia, por los autores que después, siguiendo mis tempranos pasos se han estado aprovechando de ella, utilizándola como si fuera de su propia cosecha, o fraguando entorno a ella su propia leyenda personal, como es el caso del desaparecido Mariano Constante, he decidido volver  de nuevo a la carga.

 Un ejemplo de lo primero es el caso del periodista y fotógrafo barcelonés Marc Ripol, que ha utilizado la historia en uno de sus libros: Rutas del exilio. Eso sí, haciendo un refrito de la misma, o trazando incluso un biografía de Antonio Beltrán, el Esquinazau, pero en  ambos casos, faltaría más, sin citar las fuentes primeras de su aparente conocimiento, que por supuesto tiene padre y madre.[1]

 En seguimiento de Marc Ripol, más de una página web ha vuelto sobre lo mismo, incluidas algunas de las que se pueden calificar como de  “turismo bélico”, [2] y todas ellas  sin citar las fuentes, hecho que parece ser ya lo “normal” en un mundo globalizado y virtual, donde todo es de todos, y por lo mismo todo vale.[3]

Sin embargo, de hacer cronología a título de recordatorio, la primera vez que apareció   dicha historia por escrito fue en 1981, [4]  en una obra que vino a representar la primera biografía  formal de Antonio Beltrán, el Esquinazau, aunque de hecho ya se había hecho pública unos años antes, en concreto  en 1978, en aquella ocasión dentro de un artículo de divulgación, que apareció en una revista de historia de la época.[5]

 En 1991 volvió a ser tratada con el beneplácito de tres testigos, y con motivo de la inauguración de una exposición fotográfica en el Museo Etnológico y de Historia de Bielsa, muestra que se al final se ha convertido en permanente.[6]

 Y de nuevo volvió a aparecer, en mi trabajo Beltrán: El Esquinazau,[7] al considerar que merecía un comentario puntual, con el cual tuve la intención de dar respuesta a otro, que yo consideré muy desafortunado, obra del archiconocido Mariano Constante, donde aquel autor, en una de sus obras negaba con terquedad digna de mejor causa, la voladura de dicha central por las tropas republicanas en 1938.[8]

 Llegando Constante en su desfachatez a afirmar, por  su cuenta y riesgo y sin apoyo documental alguno que lo avalara, que aquella voladura era, nada más y nada menos, que una calumnia franquista, o afirmando, según su docto parecer, que las órdenes de  dicha destrucción provenían del socialista Indalecio Prieto,[9] o del ministro vasco Manuel  Irujo, miembro del PNV.[10]

Afirmaciones ambas falsas, y por lo mismo muy alejadas de la realidad comprobada y conocida, haciendo de aquel modo Constante patente su antigua militancia en el PCE, de la que se desprendía su inquina a socialistas o nacionalistas vascos.  

Pero lo peor de todo fue que Constante se calificaba a sí mismo de “testigo ocular de los hechos”, un  hecho tan falso o más como lo anterior, o como muchas otras afirmaciones vertidas por Constante  a lo largo de sus obras, afirmaciones todas ellas que no tardaremos en desmentir, con el detalle que se merecen, y por el bien de la memoria histórica. Como prueba de aquellas falsedades, copiamos integro el fragmento en cuestión que después pasaremos a comentar: 

 “Incluso la central de Lafortunada no fue volada por nosotros, cumpliendo órdenes de Prieto y del ministro vasco Irujo cuando éste visitó la “bolsa”. Considero que esto debía ser precisado, en tanto que testigo ocular de los hechos, para salir al paso de las “mentiras históricas de la Cruzada”.[11]

 Para responder a las anteriores afirmaciones del fantasioso Constante sobre Lafortunada, empezaremos  por explicar que dicha central, que hoy en día es propiedad de Iberduero, era en aquel entonces propiedad de Hidroeléctrica Ibérica, de facto,  una sociedad que al inicio de la guerra civil tenía su sede en Bilbao,  pero capital vasca que en aquel momento estaba bajo el dominio franquista, al haber caído el mes de julio de 1937 todo el país vasco en manos de los rebeldes.

 De hacer historia, la central eléctrica de Lafortunada se había empezado a construir en 1919 y no se puso en servicio hasta 1922. Dicha central constituía un vasto complejo hidroeléctrico destinado a aprovechar las aguas del río Cinca, en su paso por los valles pirenaicos.  Y por ello aquel complejo se convirtió en una inversión preferente entre los inversores de la compañía Hidroeléctrica Ibérica entre los años 1919 y 1934. 

 De entrar ahora en los detalles técnicos, y según una prolija descripción de la época, aquella central estaba situada en el río Cinca, un poco más arriba del entonces poblado de Hospital y  muy cercana a la desembocadura de un barranco que baja entre los picos de Cotiella y la Peña Montañesa. Estaba situada en la margen izquierda del Cinca, y en ella se reunían, en realidad, las máquinas  de dos saltos distintos, los correspondientes a los ríos Cinca y Cinqueta, que confluían en Salinas, un pueblo situado a poca distancia, aguas arriba de la central.

 El canal del Cinca, toma sus aguas en el valle de la Pineta, de su embalse, situado al pie mismo de Monte Perdido, se desarrolla en la ladera derecha y, al llegar frente a la central, alimenta las tuberías de carga que pasaban bajo al carretera y sobre el río para accionar las máquinas situadas en la otra ladera.   El salto era, aproximadamente, de unos 450 metros.

 El canal del Cinqueta tenía su toma en dicho río, cerca del pueblo de Plan; iba por la ladera izquierda, y su cámara de carga quedaba situada completamente encima de la central y a más de 300 m. de altura.

 La casa de máquinas en aquella época contenía cinco grupos, de ellos, tres de 20.000 C.V., dos de ellos en el Cinca y uno indistinto, y otros dos de 30.000 C.V., que funcionan en el salto del Cinqueta; en total 120.000, que se trasportan a Bilbao por mediación de la línea de 132.000 voltios. 

 Del mismo modo que con la energía eléctrica producida en ella se surtía, en el momento mismo de la Bolsa de Bielsa, entre  abril y junio de 1938, no tan sólo a Cataluña, por medio de un empalme, sino, paradójicamente, a Euskadi, mediante una línea única de doble circuito de 132 Kw., con una subestación situada en Pamplona,[12]  territorio que aquellos días se encontraba bajo el control franquista desde el mes de junio anterior de 1937, o sea perdido para la República desde hacía ya casi un año.

Cuestión que hasta entonces no parecía preocupar a nadie, puesto que nadie había decidido cortar aquel suministro eléctrico que se estaba proporcionando, por la cara, a las empresas armamentísticas del enemigo, sitas en aquellas tierras.

Una  cosa es  cierta, el recuerdo más o menos cierto, de que supuestamente nadie vio, antes o después, los generadores de la central reventados, unido al mero devenir del tiempo, parece haber consolidado una versión local, que al igual que la de Constante es errónea. Según dicha versión, aquella central no sufrió más daños, durante el cerco o durante la retirada de la división, que los derivados de la voladura final de parte de su circuito hidráulico, cuando en realidad Lafortunada, en la práctica sufrió, por así decirlo, dos voladuras muy  distintas.

 Con la primera, que tuvo lugar el 7 de junio de 1938, se cegó uno de los tramos superiores de la tubería forzada o tubo de presión, que lleva el agua a las turbinas, operación que técnicamente fue “una simple operación de ariete”. Maniobra que ciertamente no provocó más daño en el edificio de contención que rellenar de escombros la sala de máquinas, pero que en la práctica, supuso, en el plano operativo, dejarla fuera de servicio, por vez primera desde el inicio de la guerra.[13]

 Y la causa de aquella voladura intencionada no fue precisamente una orden de Prieto, tal como afirmaba Mariano Constante en su comentario, un hecho totalmente falso, al advertirse que Indalecio Prieto había dimitido el  anterior mes de abril, sino la inesperada visita del ministro vasco Manuel de Irujo, que según informaba el Boletín de la 43ª, apareció por Bielsa el día 6 de junio de 1938. Tras la cual se produjo la primera operación de voladura, que se realizó como consecuencia de una orden directa dada por el propio Antonio Beltrán, el jefe de la 43º División, y por los motivos que seguidamente vamos a explicar.

 Irujo, al parecer vinculado como accionista a la sociedad explotadora,  informado por Beltrán de la proyectada voladura de la central, en el momento mismo en que se produjera la ya previsible retirada de la unidad republicana a Francia, ofreció al mismo Antonio Beltrán, jefe de la 43 División, una importante cantidad de dinero si aquella voladura  no se llevaba a efecto.

De hecho, la historia de la voladura  llegó a mi conocimiento en una larga charla que tuvo este autor en Jaca en el año 1977, con Hilario Borau, entrañable personaje que durante la Bolsa de Bielsa había sido el capitán ayudante de Beltrán y gran amigo íntimo del mismo, antes y después de la guerra, al ser ambos del mismo pueblo, en este caso Canfranc. [14]

 En el trascurso de la misma, Borau afirmó que aquella confidencia del intento de soborno a Beltrán, por parte de Prieto, le vino de boca del propio Beltrán, que  fue quien le explicó que Irujo por medio de una persona intermediada, en este caso un oficial de la Cruz Roja, que acompañaba a Prieto en aquel viaje, apellidado Cazcarra,[15] que fue el  encargado de ofrecerle cinco millones de pesetas a ingresar en el banco que Beltrán eligiera, pero siempre y cuando que no llevara a cabo aquella prevista voladura.[16]

 Según también Borau, ante aquella propuesta, y sin vacilar un ápice, Beltrán ordenó la inmediata voladura de la central, de hecho la primera, apostillando muy indignado que: “La vida de un soldado mío vale más que todas las centrales del mundo”.[17]

 Ahora viene a resultar que según un reciente autor, en su caso Díaz Morlán,  Irujo no era accionista  de la Ibérica. Un hecho que lleva a Morlán a preguntarse a quién en concreto obedecía Irujo, al realizar aquella propuesta:

  “El Esquinazau y su lugarteniente creyeron que Irujo actuaba como representante de los accionistas de la Ibérica, pero ningún lazo unía al político con el capital de la empresa.  (Luego entonces) ¿En nombre de quién realizó Irujo esta arriesgada y fracasada misión?”.[18] 

 Pregunta que desafortunadamente, hoy por hoy, sigue todavía sin respuesta, lo que no implica que Constante se liara de mala manera, porque de una forma u otra, la primera voladura tuvo lugar bajo las órdenes de Beltrán, y no por orden explicita de Irujo o de Prieto tal como Constante afirmaba, intentando de aquella manera inhibir a Beltrán de aquella responsabilidad, dado que Beltrán en aquellos momentos era, como  el propio Constante, miembro del PCE. 

 Aunque de hecho, lo que precipitó el final de la Bolsa de Bielsa fue la impensada e inesperada huida de la 102ª Brigada Mixta (B.M.) de su sector,  lo que obligó a los republicanos a tener que rectificar sus líneas,  cediendo en Serveto y Señés, así como en las cotas de Maristá y Pegueras, en el valle del Cinqueta, al igual que en Lafortunada en el del Cinca, con una importante central eléctrica en otro sector: en el de la 72ª B. M., que tras la primer voladura del día 7, va a sufrir la segunda y definitiva.

 Orden de voladura que en aquella segunda ocasión, provino en directo del Estado Mayor divisionario, que el día 11, a las once horas, y  con la 43 División en plena retirada, ordenó que se volara la central, tal como consta en una orden conservaba en el Archivo Histórico Nacional:

 “El jefe de este subsector (el de la 130ª B.M. Juanito Lacasa) será el encargado de dar las órdenes al capitán Anguita, Jefe de los Guerrilleros del XVI Cuerpo, cuando una vez se haya efectuado el movimiento de fuerzas, se habrá de proceder a la voladura de la Central Eléctrica (de) Lafortunada”. [19]

 En dicha orden, que proviene del Estado Mayor divisionario, se encarga la ejecución  de la voladura, como era normal, a la 130 BM que es la que está sobre el terreno. A su vez, el mando de la brigada ordena a las 4,45 horas del día 11, o sea, en plena retirada, que el jefe de aquel sector, en este caso el oficial al mando del 288 batallón que,  proveniente de la 72 B.M. está ahora bajo el mando de la brigada, se encargue de la misión.

En la tarde de aquel mismo día, dicha orden se cumplió a rajatabla, por el susodicho capitán Anguita, utilizando para tal fin un par de obuses del 7,5 que el personaje en cuestión conservaba “amorosamente”, desde hacía ya unos  días, para aquella acción, al menos eso es fue lo que Borau explicó.[20]

 Por recapitular, y dentro del capítulo de las “coincidencias”, la brigada asignada para la voladura fue la 130ª B.M. Curiosamente la misma brigada a la cual pertenecía también Mariano Constante, el ahora supuesto “testigo ocular” de la según él “no voladura” de Lafortunada.

 Del mismo modo que el capitán de guerrilleros Anguita, el encargado de la misión, resulta ser también, según Constante,  un “gran amigo” suyo, como también lo era el jefe de la 130 B.M., Juanito Lacasa, para más señas, comunista como él. Luego, y según se mire, ahora cabe el preguntarse a quién se refería Constante cuando arremetía contra las “mentiras históricas de la Cruzada”,[21] o acaso se está refiriendo a las suyas propias.      

Lo decimos al dar testimonio de aquella voladura una foto que reproducimos, en la cual se puede apreciar con claridad meridiana, tanto el impacto de la metralla en la cara interior de las paredes de la central,  como los daños en el cableado y barandillas de los generadores, así como la acumulación de los escombros hacia el fondo a causa de la onda expansiva, dos voladuras, pues.

   Por otra parte, una cosa era cierta, que Irujo no fue el único interesado en la conservación de aquella central, pues se dio la circunstancia de que ya  en los finales de 1937, posiblemente sobre el mes de  noviembre, el bando franquista redactó un informe que corrió a cargo del entonces alférez de Ingenieros Genaro Millet Marstany, [22] de acuerdo con una orden que había recibido del teniente coronel en jefe de la Agrupación de Pontoneros de la 63ª División del Cuerpo de ejército de Navarra, que entre otras cosas decía así:

“Supuesto una parada de las centrales eléctricas catalanas puede, posteriormente, auxiliarse a dicha red empalmando  la línea de Lafortunada con la de Seira (en el valle del Esera) este empalme exige la construcción de 25 km  de línea de 110 Kw., lo cual, disponiendo de hombres y material, puede ejecutarse en 50 días.  

 Si el grupo (turbina-generador) de Lafortunada queda sano, entre la disponibilidad de estas centrales y el auxilio que desde Bilbao puede dar Saltos del Duero, resultaría un auxilio total  del orden de un 20 %  de las necesidades normales del mercado catalán, en los cuatro meses de aguas bajas, y de un 30 % o 40 % en los restantes meses, con una potencia  del orden de 89090.000 H.O.”   

 De dichos  comentarios, se desprende el interés y la previsión de los rebeldes ante el previsible avance que ya tenían previsto realizar, y que tendrán efecto el 22 de marzo,  avance que provocará el catastrófico hundimiento del Ejército republicano del Este, y el posterior aconchamiento de la 43 ª División en Bielsa.

 De ahí aquel estudio, donde se preveía una previsible inutilización en las centrales catalanas de los Nogueras, por parte del bando republicano, y su posible solución posterior en la cual jugaba un importante papel Lafortunada, o  la de Seira, en la comarca del Ribagorza de Huesca.

 Dentro de aquellas mismas previsiones, se advierte la esperanza de los rebeldes de que el grupo de Lafortunada quede indemne durante aquella futura ofensiva, como hasta la fecha lo estaba, estamos hablando del mes de noviembre de 1937. De ser así, si se pudiera salvar Lafortunada y la central de Seira, y suponiendo que se destruyeran las centrales de los Nogueras, desde aquellas dos centrales aragonesas se podría suplir entre un 20 a un 40 % la necesidades normales de Cataluña en el momento de su ocupación.  Una prueba más  del interés de los rebeldes por preservarlas, el mismo que al parecer más tarde tendría el vasco Irujo, en lo que resultó una confluencia de intereses.  

 Sin embargo, será por un artículo publicado en 1939, obra de un ingeniero industrial, donde se conocerán más detalles de aquellas dos voladuras. Así, según aquel artículo, en Lafortunada hubo grandes desperfectos, “por explosiones de dinamita” en “cinco de los grupos, “en los cuadros de mando, o en los interruptores”,  y en “la tubería del salto del Cinca se produjo la rotura de dos tubos, “por efecto de las bombas de aviación”, en este caso al parecer lanzadas por los aviones franquistas.

 Pero lo más grave fue la voladura de dos tubos en la tubería del Cinqueta, con “la premeditada idea de producir un arrastre formidable de tierras”, a causa del agua “soltada”  a 330 metros  de altura sobre la central, que fue lo que produjo el arrastre traumático de uno 70.000 metros cúbicos de tierra y roca disgregada, que rompió las tuberías, cubriendo a su paso el edificio de la central y la explanada donde se encontraban los transformadores e interruptores, con una capa de escombros de entre 6 y 8 metros de altura, produciendo también averías de consideración en el canal de desagüe, y de paso se destruyeron los edificios de viviendas, los almacenes y los talleres anexos.[23]

 De hecho, los efectos relatados por el autor de aquel artículo, los ocasionados por aquel arrastre de agua, son los mismos que me explicó en su día Hilario Borau, afirmando que había sido “una operación de ariete”, prueba de que existieron dos voladuras, esta primera y la segunda, “con dinamita”, como afirmaba el mismo autor. Luego en conclusión Constante mentía al afirmar que la voladura nunca existió, y que él fue testigo de los hechos.           

Por si fuera poco con lo anterior, aquel mismo año de 1939 aparece otro nuevo artículo, en este caso a cargo  de un ingeniero, profesor  de la escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid,[24] que cumpliendo órdenes y concluida la Bolsa había girado una visita a las centrales que habían quedado dentro de la misma, o sea en poder de los republicanos,

 Artículo donde por recoger también se recoge  hasta una supuesta orden detallada de la destrucción de Lafortunada, expedida por los mandos republicanos, y dirigida al Servicio de Demoliciones, y según el autor rescatada por el Servicio de Recuperación del ejército franquista, que decía así:

 “Orden a seguir en caso necesario de tener que efectuarse las destrucciones de la central y Salto de Lafortunada:

 Una vez colocadas las cargas, se debe tener la seguridad  de que las compuertas  se hallan cerradas arriba en la cámara; hecho esto, se prenderá fuego, primeramente, a las de las turbinas; después, a las dinamos, y por último , a los obuses colocados en la parte alta del Salto, o sea en los tubos.

Terminado todo ello, la guardia que debe haber establecida en las compuertas del salto procederá inmediatamente  a la apertura de las mismas, con el fin de que las aguas  arrastren el terreno y quede la central materialmente envuelta.

 Prevenciones: Tan pronto se haya terminado la operación de colocar las cargas, se establecerá una guardia rigurosa en la central, para evitar que nadie pueda penetrar en la misma.

El canal debe llevar, a la hora de producirse  la explosión, toda el agua que pueda pasar por el mismo, abriendo para ello las compuertas de las presas.”

 Según Lazaro Urra, el autor de aquel artículo, aquellas órdenes se cumplieron al pie de la letra, las cargas estallaron en el orden previsto, y después vino el derrumbamiento de la cámara de carga y de toda la ladera sobre la central, por efecto  del agua del canal, que estuvo “derramándose” (sic) durante muchas horas.

 Conclusión a la que llegó el personaje, al advertir en su visita a la central, en julio de 1938, que el aspecto que presentaba era impresionante, ya que los derrumbes habían cubierto por completo el exterior, hasta tal punto que “los brazos del alumbrado quedaban a la altura del terreno”.

 Dentro de la sala de la central, a la cual  tuvieron que acceder  por el tejado, apenas  se veía  nada más que escombros; ya que de los grupos, que eran de eje vertical y en los que “tanto el alternador como excitatriz” quedaban por encima del piso, solo asomaban algunas partes de éstos.

 En el exterior, donde existían tres bancos de transformadores monofásicos, con una potencia  por banco de 15.000 kilovatios/amperios, un transformador trifásico de 15.000 kw. /A. y  otros dos de 23.000kw. /A., con toda la instalación complementaria de interruptores, pararrayos, etc., etc.; los escombros cubrían  por completo los aparatos, de los que solamente se veían a duras penas los extremos de los aisladores, en su mayor parte, destrozados.

 Destrozos, que según el autor eran descorazonadores, ya que requerirían un esfuerzo colosal de voluntad de tener la intención de reparar los daños, y en el supuesto caso de que no se decidiera antes el abandono total de la central, dejándola a su suerte, en definitiva un grave decisión que habría que tomar cuanto antes.

Y la decisión fue la de intentar repararla y el motivo pasó por el grave problema que se le podía plantear  a los franquistas en otoño al perder una central de 120.000 kw.,  fundamental para la zona de Bilbao  donde aquel entonces estaba la base de las industrias de guerra rebeldes, y donde se trabajaba al máximo de su producción.

 De ahí que se optara por la solución que en el mes de noviembre anterior había dado el alférez Genaro Millet Maristany,  la de empalmar  la línea de Lafortunada con la de la central de Seira (en el valle del Esera), perteneciente a la Cooperativa de Fluido Eléctrico, lo que permitía utilizar la energía de esta central y la del Sistema del Noguera Pallaresa, de Riegos y Fuerzas del Ebro,  empalme que exigió la construcción de 25 km  de línea de 110 Kw. Y de aquel modo, a los cincuenta días ya se estaba en condiciones de que por aquella línea empezara a circular energía procedente de los saltos de Cataluña, que de aquel modo podrían  proporcionar corriente a toda la zona de Vizcaya. 

 De ahí que en los primeros días de la recuperación de la central por los rebeldes, ya se estaba trabajando en su desescombro, faena que corrió a cargo de prisioneros republicanos, que tan pronto se pudieron habilitar unos precarios alberges, y las correspondientes cocinas para el rancho, fueron traslados allí, en este caso 250 asturianos, lo que permitió que en septiembre de 1938 aquellas labores estuvieran muy adelantadas.

 Cuestión distinta fue la del estado de los generadores, que estaban muy dañados y que tuvieron que ser repuestos, del mismo modo que también faltaban las grúas y las herramientas, lo que alargó algo más su total reparación, que corrió a cargo de la dirección de Enrique Uriarte, director de la Sociedad e ingeniero y de Luis Ortega, también ingeniero.  

 Tras las obras de reparación del canal de desagüe y limpieza de escombros de la estación de transformación a la intemperie, en junio de 1939, se puso en funcionamiento un grupo del Cinca. En agosto del mismo año el primer grupo del Cinqueta, ayudando ambos a hacer frente al aumento del consumo de energía que se estaba generando en el país. El 26 de noviembre, comenzó a funcionar de nuevo el segundo grupo del Cinca, mientras que el segundo del Cinqueta estaba ya en en estado de reparación muy adelantada, lo que permitió ponerlo en uso a principios de 1940.

 Por cerrar la historia de la fabulación de Constante entorno a Lafortunada, se debería resaltar el comentario de otros articulistas mucho más modernos, al descubrir las contradicciones en que entraba Constante, que en su delirio también involucró en aquel asunto al gobierno de la República con  el de la Gran Bretaña y éste último país con los Altos Hornos de Bilbao, en un intento desesperado por negar lo innegable, la voladura de Lafortunada por las tropas republicanas:  

 “Sin embargo, esta descripción de los hechos no coincide con la que nos realizó personalmente Mariano Constante, miembro de la División 43. Él nos declaró que sí se llegó a minar la central con dinamita y se excavó bajo las turbinas para colocar ahí obuses de la artillería fascista que no habían explotado con el fin de hacer más carga, pero el gobierno de la República ordenó que finalmente no se volara, parece ser que por presiones recibidas desde Gran Bretaña, pues Altos Hornos suministraba materiales a la industria de este país “ [25]

 En conclusión, la central de Lafortunada fue volada por los republicanos, cosa distinta, fueron los daños producidos por el bombardeo aéreo fascista del 2 de marzo de 1938, cuando once aviones del ejército franquista lanzaron, a las once de la mañana, 50 bombas pequeñas que produjeron el incendio de dos transformadores, quedando uno de ellos destrozado y el otro con pequeñas averías, quemándose además el almacén del material eléctrico, bombardeos que se volverán a reproducir el 15 de abril, al pensar los franquistas que allí se encontraban las reservas de la 43º División, lo que produjo nuevos desperfectos.

 Daños aquellos que no contarán para los reconquistadores, como tampoco se tuvo muy en cuenta el estado en que se encontraron las otras dos centrales de la zona, la de la Barrosa, donde el único “desperfecto” visible fue que en ella se habían dejado abandonados los últimos ejemplares del periódico Vida Nueva, órgano de la 43 División, y justamente en uno de ellos, ironías de la vida, se daba cuenta de la visita del ministro católico Irujo a  la Bolsa, el supuesto primer responsable de las voladuras.   

 En cuanto a  la otra la central, la de Urdiceto, situada en la raya de Francia, que por no tener no tenía ni  siquiera carretera de acceso, de ahí que se tuviera que acceder a ella por mediación de mulos, donde los republicanos en su retirada, y al no tener ya ni siquiera un mal cartucho de dinamita, se tuvieron que limitar a destruir a mano, el cuadro de mando, la batería y los interruptores de 30 kw, en resumen, una chapuza. Y cerramos este resumen con la esperanza de que sirva como aviso a navegantes de que la historia es algo más que copiar sin citar al que te ha precedido.

Antonio Gascón Ricao


Notas:

[1] Marc Ripol, Rutas del exilio, Alhena Media, 2007, pp. 66-67.

[2] Rutas del exilio: Esquinazau (Bielsa-Parzan-Aragnouet) www.ojosdepapel.com/Article.aspx?article=2614.

[3] www.turismosobrarbe.com/.../ficha.php?

[4] Ramón Ferrerons, Antonio Gascón Ricao, El Esquinazau. Perfil de un luchador. Zaragoza, 1981, p. 81.

[5]   Ramón Ferrerons, Antonio Gascón Ricao, El Esquinazau, un guerrillero aragonés del siglo XX. Revista Nueva Historia, núm. 16, Barcelona, mayo de 1978.

[6] Ramón Ferrerons, Antonio Gascón Ricao,  Huesca: la Bolsa de Bielsa. Fotografías 1938, Huesca, 1991.

[7] Antonio Gascón Ricao, Beltrán, el Esquinazau. Editorial Pirineum, Jaca, 2002

[8] Mariano Constante Semblanzas de un combatiente de la 43a. Division: De Broto a Puigcerdá, 1936-1939, Huesca, 1991

[9] Prieto, por aquellas fechas, ya no estaba al frente del ministerio de Defensa, motivo por el cual mal podía dar órdenes de nada a nadie.

[10] Manuel de Irujo y Ollo. Nacido en Estella en 1891. Fue diputado foral de Navarra en 1921 y 1930. Tras la proclamación de la república fue diputado por el PNV en las elecciones de 1931,1933 y 1936. En septiembre fue nombrado ministro sin cartera del gobierno de Largo Caballero. En mayo de 1937 fue designado ministro de Justicia dimitiendo en diciembre, volviendo a aceptar el puesto de ministro sin cartera, para dimitir definitivamente en agosto de 1938. En 1939 se instaló en Inglaterra asumiendo la representación de los exiliados nacionalistas vascos. En 1945 se incorporó a la presidencia del gobierno de Euzkadi en el exilio. Ocupó el puesto de ministro de Industria, Comercio y Navegación en el gobierno de la República en el exilio, entre 1945 y 1947. Regresó a España en 1977, siendo senador del PNV por Navarra en las elecciones de aquel año. Falleció en 1981.

[11] M. Constante, Semblanzas..., p. 221, nota 21, final.

[12] A. Beltrán, Acciones defensivas.

[13] Informe elaborado por el alférez nacional de Ingenieros Genaro Millet Maristany, dirigido al teniente coronel de la Agrupación de Pontoneros de la 63ª División, Resumen de las características principales y situación de las centrales productoras de fluido eléctrico para la región catalana y explotadas por la Riegos y Fuerza del Ebro, S.A., constituyendo el sistema de la Unión Eléctrica de Cataluña…, 2ª Sección de Estado Mayor, Información, s/f, Doc. Nac. Leg. 2, arm, 39, S.H.M. 

[14] Ver Biografía de Hilario Borau en:  ..\Personajes\Biografias\11PetitBio.htm.

[15] Es de suponer que aquel mismo oficial había acompañado a Irujo en su visita a Bielsa, con la excusa de ser de la Cruz Roja, oficial del cual se desconocen más detalles.

[16] La misma confidencia que recibió Ricardo Sanchéz, el de Bayona, amigo íntimo de Beltrán, al igual que Borau.  O su hijo Roetgen Beltrán, al cual se lo explicó en Francia su padre.

[17] Testimonio de Hilario Borau al autor.

[18] Pablo Díaz Morlán, Causas de la restricción eléctrica en el primer franquismo: Una aportación desde la historia empresarial, p. 17. www.um.es/ixcongresoaehe/pdfB6/Causas.pdf

[19] SHN, D.R., 130 BM.

[20] Testimonio de Hilario Borau al autor.

[21] M. Constante, Semblanzas..., pp.220-221, nota 21.

[22] Genaro Millet Marstany, 1911- 2010, el autor era nieto de Eduardo Maristant Gibert, e ingeniero de caminos, en marzo de 1939, sería nombrado teniente. Concluida la guerra, pasará a trabajar en la Empresa Nacional Hidroeléctrica del Ribagorzana  (ENHER), donde en 1956 será nombrado directivo. En 1955 fue uno de los miembros fundacionales del Comité de Grandes Presas, participando en los proyectos de Pont de Suert. Cavallers, Escales y Canelles. Decano del Colegio de Ingenieros en 1979-80

[23] Rafael Padró, Reparación de los Saltos del Cinca, Destrucción… y Progreso, Dyna, Revista de los Ingenieros Industriales de España, noviembre-diciembre 1939, nº 10, Bilbao, pp. 372-380, p. 376

[24] Juan Lázaro Urra, Recuerdos de la Guerra, Escuela especial de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, Escuela de Caminos, 1939, Número extraordinario, dedicado a la Cruzada Española, 1936-1939, pp. 39-47

[25] Ramón Lasaosa Susín / Miguel Ortega Martínez,  El sistema hidroeléctrico del Cinca. Cambios paisajísticos y Humano, II Encuentro sobre historia y medio ambiente,  Huesca , 2001, pp.13-14