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Antonio Gascón Ricao

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Roma no paga a traidores.  El caso de Escassi Cebada, el primer jefe de la 43ª División 

 Introducción

 Según explica Apiano de Alejandría, en su Historia de Roma, el cónsul romano Quinto Servilio Cepión prometió a los futuros asesinos de Viriato la entrega de grandes riquezas, ventajas personales y tierras una vez hubieran perpetrado el crimen, pero cuando estos tras cometer su felonía pretendieron cobrar su traición Cepión se la negó escupiéndoles a la cara: “Roma traditoribus non praemiat”, esto es, “Roma no paga a traidores”.

 Y algo parecido le debió suceder a José María Escassi Cebada, el jefe de la 43ª División republicana  hasta marzo de 1938, puesto que  cuando en aquellas fechas se pasó a los franquistas, tras su paso primero a Francia y después por Irún, acompañado de su hijo y del chofer que conducía su automóvil, éstos precisamente no lo recibieron con los brazos abiertos.

 Detalle del cual nos servimos  como excusa para poder reconstruir su vida anterior y posterior a aquella traición, gracias a  la existencia de dos trabajos titulados De la Republica al franquisme, el cas dels militars de Figueres de Josep Clara y El Castell de Sant Ferran i Figueres durant la Segona República i la Guerra Civil, de Maximiliano Fuentes Codera. [1] 

 Traición aquella de Escassi que propició, no todo fue malo, el ascenso del hasta entonces jefe miliciano de la 72 Brigada Mixta Antonio Beltrán Casaña, el Esquinazau, al mando de la mítica 43ª División que tan heroicamente resistirá en Bielsa durante los próximos meses.[2] Personaje escurridizo el tal Escassi, al cual después de unos cuantos intentos hoy por fin podemos ilustrar.

 La plaza de Figueres antes del 18 de julio

 

Figueres, la capital del Alt Ampurdá, situada próxima a la frontera con Francia y con una población de unas 15.000 almas en 1936, tenía una larga tradición militar derivada  de la existencia del castillo-fortaleza de San Fernando, una de las obras militares más grande de Europa, dado el hipotético papel que debería jugar ante una potencial invasión francesa, papel que no cumplió en 1794, al caer en manos de los ejércitos republicanos franceses, que calificaron a aquella fortificación de “la belle inutile”.

 Al proclamarse la República en abril de 1931, los militares a cargo de la prisión militar que existía en la fortaleza liberaron sin demora a los cuatro oficiales que tenían allí encarcelados con motivo de la Sublevación de Jaca del año anterior, en su caso a los capitanes Enrique García y Antonio Martínez y los tenientes Juan Cruz y Cayetano Corbellini,[3] condenados, a 2 años y 11 meses y dos años respectivamente para los dos primeros, y 6 meses y un día para los dos segundos, aquella prisión se cerrará en 1932.

 En 1936 las fuerzas militares de guarnición en la plaza eran el batallón de Chiclana nº 1,  pocos meses antes denominado Batallón de Montaña nº 3 y antes San Quintín nº 47. También había una compañía de intendencia perteneciente a la  1ª Brigada de Montaña y una sección de ambulancias de la misma Brigada, además de los consabidos destacamentos locales de Guardia Civil y Carabineros, y el comandante de la misma era el recién llegado teniente coronel Agustín Monasterio Bustos, nombrado para aquel cargo el 30 de enero de 1936, que contaba, en orden decreciente de la escala, con dos comandantes José M. Escassi Cebada y Genaro Cremada Conde.

 La Sublevación

 Al producirse la sublevación el 18 de julio de 1936, en Figueres eran muy pocos los oficiales comprometidos con la misma, pero aquellos pocos tenía orden de adherirse a la sublevación en compañía de un grupo de jóvenes estudiantes locales que en su caso no llegaban a la quincena. Al producirse el alzamiento, el resto del Batallón no implicado, con Monasterio, su jefe, a la cabeza, adoptaron una posición algo confusa aunque muy pragmática, al quedar a la espera de ver cómo concluían en general los acontecimientos en toda España. Así, por orden de la comandancia militar de Gerona, se decidió declarar el estado de guerra en la plaza, que fue rápidamente revocado, al conocerse la ignominiosa derrota sufrida por los militares en Barcelona.

 Pero  una cosa conllevó a otra, ya que la tarde del 20 de julio, los militares en votación nominal decidieron adherirse a la República, manifestándolo públicamente en el Ayuntamiento. Durante aquel acto uno de los personajes que tomaron la palabra fue precisamente el comandante Escassi. Mitin que concluyó con la firma de un documento en el cual aquellos oficiales se comprometían a defender hasta la muerte (sic) el régimen republicano.

  Por otra parte, sorprende un poco el aparente fervor republicano sufrido en aquellos días por Escassi,  al conocerse que el personaje había sido delegado gubernativo y concejal del ayuntamiento de Figueres durante los tiempos de la Dictadura militar de  Primo de Rivera,  dictadura que había durado desde 1923 a 1930, o sea hasta hacía cuatro días, y de hecho su “conversión” tuvo lugar  en 1931, aunque sin duda aquella fue una conversión de conveniencia,  ya que al ser nombrado, el 7 de diciembre de 1928, ayudante del general Luis de Eugenio, comandante militar de Gerona, que estaba al mando de la 1ª Brigada de Infantería, Escassi fue junto con su superior uno de los fundadores de la logia masónica “Álvarez de Castro” que abrió sus puertas en aquella capital, logia en la cual ingresó el 10 de diciembre de 1931, con el nombre simbólico de Aquiles, alcanzando a ser 3r. Orador, y de la cual, siguiendo su línea, se había dado de baja el 22 de febrero de 1935.[4]

 Regresando al 20 de julio, el hecho de que los militares de la plaza se escudaran tras una declaración firmada, no minoró el mal  que se había hecho al declararse en la capital el estado de guerra, ni la desconfianza hacía los militares, que era cada vez más evidente, pues eran ríos de paisanos los que subían al castillo en busca de armas, con las que defenderse.

 De ahí surgió una propuesta del alcalde local a los militares, y fue por ello que  éstos decidieron bajar a la población un centenar de mosquetones con la intención de armar al pueblo, pero el momento de su reparto se convirtió en otro nuevo motivo de preocupación, que en parte se pudo subsanar  gracias a la oportuna llegada a Figueres aquel mismo día del capitán de la Guardia Civil Arturo Guerrero Ruiz, que traía la orden superior de destituir a los jefes y oficiales del Batallón que no fueran dignos de confianza, y que nada más llegar se puso manos a la obra

 De aquel modo los militares sospechosos por su actuación en los días anteriores o por sus antecedentes políticos, fueron detenidos y arrestados en el cuartel de los Carabineros, mientras que algunos otros fueron confinados en arresto domiciliario a cumplir en sus propios domicilios particulares, como fue el caso del propio comandante Escassi  y del teniente Parra, mientras que los detenidos y conducidos a la acuartelamiento de los Carabineros fueron 10 oficiales, empezando por Monasterio, el jefe de la plaza, al que siguieron los capitanes, Asensio y Villoria, los tenientes, Díaz y Capitán y los alféreces, Cots, Gazules, Jou, Tomás y Uxó, que fueron puestos en prisión, oficiales que no tardarían en ser procesados al considerárseles a todos ellos responsables de la proclamación del estado de guerra del primer día y de la actuación del siguiente.

 La guerra

 Después de aquella purga entre los militares se tomó la decisión de dar el mando del Batallón al capitán Luis Jubert. A finales de aquel  mismo mes de julio, el Batallón integro marchó destinado al frente de Aragón donde pasará a formar parte de la llamada Columna Ortiz,[5] de cuyo frente no regresará hasta el 30 de  enero de 1937. Entre los oficiales que marcharan  con él  estaban  los capitanes Jubert, Chinarro, Quiroga i Domènech y los tenientes Gómez y Torres.

 Cuando finalmente del 28 al 30 de diciembre de 1936 se celebre el juicio contra los militares desafectos, Escassi actuará voluntario como testigo de la defensa. A la conclusión del mismo, seis de ellos saldrán en libertad, y salvo Monasterio que fue  condenado por negligencia a 12 años de prisión, mientras que las penas de los otros cuatro procesados oscilaran entre seis años, en el caso del alférez Uxó,  a un año, en el caso de los capitanes  Díaz i Villoria.

 Un tiempo más tarde, el 13 de febrero de 1937, dos de aquellos mismos  militares absueltos, el capitán Juan Asencio y el alférez Francisco Jou, se apuntaran voluntarios a una expedición que tenía la firme intención de traspasar la frontera francesa e incorporarse a la España franquista.

 Partida a la que se unirán un grupo de guardias civiles y algún que otro paisano, pero la oportuna intervención de las columnas milicianas y particularmente de la Milicias Pirenaicas que estaban de guardia en la frontera de Gerona, darán al traste con aquella fuga masiva. Persecución y combates que en el caso de los Pirenaicos les costó dos vidas: las de los soldados Martí Batlle y Manuel Sicilia, y una tercera, al morir un miembro de la CNT, el miliciano Félix Barreiro.

 Finalmente al ser detenidos los que intentaban huir, entre ellos estaban el ex capitán de infantería Juan Asensio González, el ex alférez también de infantería Francisco Jou Parés, y su hermano, sacerdote en Bordils, Esteban Jou Parés, los guardias Francisco Sáez de Tejada, José Casado, Luis Peláez, Luciano Casado y Juan Panesa, y los civiles Joaquín Llobet y Luis Adoer Riera.

 Al celebrarse el juicio el 18 de febrero, a 11 de ellos se les condenó a  la pena de muerte, sentencia que se cumplió al día siguiente en el castillo de San Julián de Ramis, y durante la cual fueron ejecutados los dos militares que habían sido absueltos en los anteriores juicios de Figueras.[6]

 La meteórica carrera militar de Escassi

 Mientras acontecían todos aquellos hechos, Escassi no fue destinado al frente de Aragón,  al hacerse cargo poco tiempo después del mando de la comandancia de Figueras. En febrero de 1937, Escassi fue ascendido al grado de teniente coronel, desconociéndose  hasta la fecha los méritos que tuvo para semejante ascenso. En mayo de aquel mismo año fue nombrado comandante militar de Gerona y en agosto, jefe de instrucción de los destacamentos de la Agrupación Norte de Defensa de Costas, y posteriormente, a finales de 1937,  pasará destinado a las órdenes del jefe del Ejército del Este, pasando así al mando de la 43ª División republicana, de hecho y después de un año y medio de guerra su primer destino en el frente, y allí estará cuando las tropas franquistas desencadenen  la ofensiva de marzo de 1938 , en lo que significará el total hundimiento del frente del Este, con el consiguiente desastre para la República.

Así, concluida a fines de marzo la batalla de Teruel a favor de los rebeldes, el 9 de marzo da comienzo al sur del Ebro, en dirección al río Guadalope una serie de ofensivas franquistas que tienen la intención de trasladar la primera línea al valle de dicho río. Aquella ofensiva, que al principio supone el derrumbamiento del frente republicano al sur de Aragón, solo es el principio, pues el mando franquista tiene la intención de lanzar  otra nueva ofensiva, poniéndose como objetivo el tratar de alcanzar la línea del Cinca, y eventualmente la del Segre, que deberá ser la futura base de partida para el previsto avance posterior, sobre el territorio catalán. En consecuencia, el 22 de marzo se inicia otra gran ofensiva al norte del Ebro

 De aquel modo, rotas definitivamente las líneas republicanas en torno a la cercada Huesca y retirada en desbandada la 31ª División, que huye con la clara intención de retirarse a Francia, el mayor Gallo, jefe del X Cuerpo de Ejército (C.E.), ordena el día 25 de marzo de 1938 al jefe de la 43ª, teniente coronel Escassi, que retire  su división, la 43ª, situándola  en la línea del río Cinca, con la intención de que se atrinchere allí.

  Pero Escassi tiene la desfachatez de no ocultar a sus propios subordinados, a los  más cercanos, el hecho de que él también es partidario de la retirada, pero no tan sólo hasta la línea del Cinca, sino directamente hacia Cataluña, al ver la progresión que estaba alcanzando el C.E. de Navarra sobre el frente de Huesca y ante la ausencia de total cobertura de su flanco izquierdo, que en teoría debería haber cubierto la 31ª División republicana, que en aquel momento ya había entrado en pánico, huyendo a la carrera en dirección a Francia.

 Ante la evidente ineptitud de Escassi, por no llamarlo derrotista, La persona que entonces toma la iniciativa es el mayor de milicias Antonio Beltrán, el Esquinazau,  el viejo conspirador De la Sublevación de Jaca de 1930, y en aquel momento  jefe de la 72 Brigada Mixta, que en su caso será el que realmente planee la retirada de la 43 a la línea del Cinca, pero de una forma progresiva y escalonada, salvando de paso todo el material de la división que se pueda con la vista puesta en el futuro, y comprometiéndose personalmente a cubrir con algunas unidades de su Brigada el desguarnecido flanco.

 Y es ese momento preciso el que elige el capitán de Estado Mayor del Xº C.E., Pascual Miñana de la Concepción –de hecho un agente infiltrado de información franquista– para pasarse definitivamente al enemigo,[7] tal como también hará el capitán de Infantería y más tarde de Estado Mayor, José Miñana de la Concepción, hermano del anterior y jefe de Estado Mayor de la brigada mixta 130, al mando de Mariano Bueno, que mientras estuvo en aquel puesto estuvo trabajó como agente de información perteneciente al grupo “Ocharan”, a través del cual estuvo transmitiendo todo tipo de filtraciones sobre el frente de Boltaña.

 Pero a aquellos dos desertores les había precedido en unos días un antiguo compañero de armas. El día 26 de marzo,  Escassi Cebada, jefe de la 43ª División, al ser nombrado poir el alto mando gobernador militar de Lérida, que está punto de caer en manos del enemigo, toma la grave decisión de no presentarse a su nuevo destino, y por ello también decide huir a Francia en coche. De aquel modo  pasando por Luchon,  con su hijo y un chofer-mecánico, después se pasará a la España franquista por Irún. Todo ello gracias a un oportuno salvoconducto que le proporciona Josep Mª Benet, el antiguo jefe de las Milicias Pirenaicas, en aquel momento comisionado por Estado Mayor catalán en la 43 División, que tras descartar previamente el tener que fusilarlo por traidor, decide darle el pase ante el derrumbe moral que sufre Escassi, sopesando que su pase por las armas no levantaría precisamente la moral de la tropa.[8]

 Antes de huir a Francia, Escassi  le comenta a Benet el porqué de su decisión, en lo que era su particular visión del problema, visión que el tiempo y los hechos desmentirán:

 “Mira, estoy muy  desmoralizado,  y no puedo aguantar más. La 72 y la 102 van a tiros. La otra está indecisa. Además, sobretodo, la 102, no obedece. ¿Qué quieres que haga, los tengo que fusilar a todos?”.

 Destinado oficialmente Escassi Cebada, al gobierno militar de Lérida, la 43ª División quedaba de aquel modo  falta del mando.  Por ello, ya fuera en la noche del 26 al 27 de marzo, tal como apunta en su libro, Los Héroes del Pirineo,[9] el periodista Clemente Cimorra, o en una casa de peones camineros cerca de Boltaña, o la del 27 al 28, tal como escribe Antonio Beltrán en su trabajo de la Academia Frunze de Moscú.[10] Lo cierto es que Benet, comisionado entonces por el Estado Mayor central le adjudica el mando de la división a Antonio Beltrán el Esquinazau, al recibir una orden telefónica que se verá confirmada más tarde con un telegrama cifrado procedente del E.M. del Ejército del Este dirigido al jefe de la unidad, y donde se le conmina a que: “Entregue mando División a Jefe 72ª  B.M. Antonio Beltrán Casaña”. 

 Mención aparte merece la resistencia y la eventual retirada de la 43 División, que según el testimonio de Josep Mª Benet,  planearon Beltrán y él mismo, que a falta de mapas militares, la cartografía se había perdido en la retirada, utilizaron una vieja guía turística francesa que casualmente había encontrado un combatiente, perdida en un caserón abandonado. Resistir es la primera decisión que toman, tal vez porque, como aseguraba la propaganda: “Resistir es vencer”, y la segunda directriz fue “agárrense ustedes a las piedras”. Empeñó que se prolongo dos meses, en lo que se conocería  como la Bolsa de Bielsa.[11]

 La ascensión de Escassi al Golgota

 Escassi recién aterrizado en la España franquista, fue apresado y conducido y se supone que interrogado hasta acabar en Valladolid  donde se celebrará contra él un consejo de guerra en diciembre de 1938. Consejo donde en primera instancia se le pidió 20 años de reclusión al considerar su conducta “acomodaticia”, además del de autor del delito de auxilio a la rebelión, cuando en realidad los rebeldes eran los franquistas.

Pero antes de concluir el juicio el auditor reconsideró que había existido un error en la calificación del delito,  ya que dada la personalidad del encausado, y de acuerdo con la categoría de los cargos de responsabilidad que había desempeñado en el ejército republicano, hacía falta aplicarle el castigo previsto  para los casos de adhesión a la rebelión militar, fue por ello que la condena definitiva aprobada fue de 30 años de reclusión mayor, sentencia que se hará definitiva el 7 de diciembre de 1938.[12]

 Durante aquel juicio es donde salen a relucir los detalles que el Tribunal militar considera como probados tales como “que el procesado en la presente causa don José María Escassi Cebada, de ideología no bien definida y actuación política acomodaticia, al iniciarse el glorioso Movimiento Nacional se hallaba desempeñando el cargo de Comandante Mayor  en el  Batallón de Chiclana, de guarnición en Figueras; en los primeros momentos apareció como unido a la Causa Nacional, pero desde que tuvo noticias de que ésta no había triunfado en Barcelona se puso francamente al lado de los rebeldes, obteniendo destinos de gran confianza y responsabilidad; tales fueron: el de Jefe de la plaza y castillo de Figueras, el de Comandante Militar y Gobernador de la plaza de Gerona después de haber ascendido a Teniente coronel, más tarde es nombrado Jefe de Costas desde la frontera francesa hasta la desembocadura del Ebro, y por último, a fines de septiembre de mil novecientos treinta y siete, se le da el mando de la cuarenta y tres División roja, del décimo cuerpo de ejército, huyendo a la vecina nación francesa después de sufrir la más vergonzosa derrota, huida en la cual participó el procesado, presentándose en nuestra zona el seis de abril del año actual”.

 De todo aquel relato, de hecho muy bien documentado, el único punto discrepante está  en la supuesta fecha en la cual se dice que se presentó a los franquistas, según las actas: “el seis de abril del año actual”, cuando en realidad debió ser, cuando muy temprano, el día 26 0 27 de abril, el día en que se debió presentar en Irún, puesto que el 29 era la fecha máxima en que Escassi se tenía que presentar en Lérida, al ser nombrado gobernador militar de aquella plaza, y lugar por donde no apareció. Prueba de lo anterior es que  no se le dará de baja en el ejército republicano, por abandono del destino, hasta 17 de mayo de 1938, cuando ya era público y notorio que había huido.

 Otros de los detalles personales que aparecen en su causa son que Escassi Cebada, era hijo de Enrique y Ascensión, de cuarenta y dos años de edad, natural de Madrid y vecino de Figueras, y casado con Matilde Santamaría. Pero su calvario no concluyó aquí, ya que pasó a cumplir la pena en la prisión del Sancti Spiritus (Ciudad Rodrigo), en Salamanca, aunque de allí pasará al castillo de Montjuic (Barcelona), de donde podrá salir en libertad provisional en 1943, regresando a Figueras, donde al parecer su esposa tenía propiedades, más concretamente en el Ampurdá.

 Estante todavía en la cárcel, Escassi sufrió un nuevo juicio en está ocasión por Responsabilidades Políticas, nueva causa que concluyó  con sentencia en 1941, siendo condenado, para su fortuna, a una multa de 5.000 pesetas de la época, por su actuación en el periodo de la guerra. A la hora de fijar aquella condena, los que lo multaron tuvieron muy en cuenta la valoración económica de las propiedades de su pobre esposa Matilde Santamaría, ya que al parecer ella era la propietaria.[13]

 Durante aquel juicio, del cual habrá que reconocer que salió muy bien librado, ya que la Ley de Responsabilidades Políticas establecía sanciones y penas de modo paralelo a las leyes penales españolas, y que  permitía así imponer diversas condenas contra los republicanos vencidos: desde la  pena de muerte hasta larguísimas penas de prisión y trabajos forzados (entre diez a treinta años), con inhabilitaciones y prohibiciones civiles inclusive para quienes cumplieran la totalidad de sus condenas, Escassi consiguió aportar unos cuantos testimonios favorables a su causa que pasaron desde los de antiguos camaradas de armas hasta por las propias autoridades  civiles.[14]

 Así el todavía teniente coronel  Monasterio, pues ascendería a coronel poco tiempo después, en aquel momento destinado  en la Caja de Recluta de Teruel, decía de Escassi, el 18 de abril de 1939, que : “El Comandante Escassi fue siempre cumplidor de sus deberes  y de excelentes aptitudes para el mando. El día 18 de julio de 1936, […] en que se tuvo noticias […] del glorioso Alzamiento Nacional, el Comandante Escassi, hablando conmigo hizo entusiastas manifestaciones sobre el levantamiento que se iniciaba, demostrando con sus palabras la simpatía con que lo veía y la fe en él (y) [ …] ayudó con su actuación, cumplimentando fielmente cuantas disposiciones le di, sin  oponerse  en ningún momento a ello (sabiendo) que las disposiciones eran en contra del entonces constituido Gobierno.

 Redundando en lo mismo,  el propio Escassi  redactó en octubre de 1941 una declaración en su defensa, diciendo  de sí mismo que: “Mi auténtica ideología y conducta político social antes del Glorioso Alzamiento Nacional y en el curso del mismo, están plenamente justificadas en este expediente con la fuerza categórica de la copiosa documentación de descargo producida. […] quedando demostrado mi plena identificación con el Alzamiento Nacional; no sólo en su espíritu anterior a los acontecimientos, sino de hecho y desde el primer minuto del mismo”.

 De aquel modo en la causa de Escassi se fueron acumulando  con tal de evitar una nueva sentencia, múltiples testimonios exculpatorios, puesto que fueron numerosos  los personajes que firmaron su aval, algunos de ellos muy cualificados dentro de la nueva situación política que vivía el país

 Puesto en libertad, a su regreso a Figueras en 1943, los servicios de información franquistas le estuvieron siguiendo los pasos, al considerarlo un elemento peligroso para el régimen. Al menos así lo describe  una nota redactada, durante  los años finales de la segunda Guerra mundial, por los personajes que le seguían, diciendo de él que: “Ex comandante. Elemento residente en Figueras, sostiene frecuentes conversaciones con elementos rojos de esta ciudad y existen rumores de que, cuando vengan los suyos, es el que está nombrado como gobernador Civil de la Provincia. Por sus amistades y las actividades que desarrolla, se le considera peligrosísimo. Ha sufrido cárcel por su actuación durante el periodo rojo.” [15]

Después de aquello la última noticia que tenemos del  personaje es su necrológica, que apareció en La Vanguardia. Por ella sabemos que Escassi falleció cristianamente el día 3 diciembre de 1954, a los 64 años, y en su casa de la calle Porvenir, nº 3 en Figueras, sobreviviéndole su afligida  esposa Matilde y sus hijos, José Luis, Ana María y Enrique.

 Visto lo anterior, y de tener que hacer un breve resumen de la trayectoria política y militar  de Escassi, habría que dar la razón al tribunal franquista en su afirmación de que tomó con los dos extremos, con la República y con los franquistas, una postura “acomodaticia”, y por ello posiblemente su premio fue un breve “Roma traditoribus non praemiat”, o lo que es lo mismo, “Roma no paga a traidores”.

 


Notas

[1] Desde aquí mis más afectuosas gracias al amigo Magí Freixas por darme las oportunas pistas del personaje; Josep Clara, De la República al franquisme: el cas dels militars de Figueres, en Exercit i societat a la Catalunya Contemporánea, Girona, 1986, pp. 95-148; de Maximiliano Fuentes Codera, El Castell de Sant Ferran i Figueres durant la Segona República i la Guerra Civil, AIEE, Figueres, Vol. 40, 2009, pp. 315-355.

[2]   Antonio Gascón, Los Hechos de Jaca y “el Esquinazau”. Historia y Vida, núm. 204, Barcelona, marzo de 1985; Antonio Gascón Ricao, Beltrán, el Esquinazau. Editorial Pirineum, Jaca, 2002; Beltrán, El Esquinazau”. Desde la Sublevación de Jaca a la Bolsa de Bielsa. www.sbhac.net/Republica/Colabora/Esquinazau.htm 2008; Las leyendas de “El Esquinazau”, supuesto agente del KGB y de la CIA, www.sbhac.net/Republica/Colabora/Leyenda.htm  2007.

 [3] El  teniente Cayetano Corbellini Obregón, durante la Sublevación de Jaca, en diciembre de 1930, fue uno de los personajes, aunque oscuro, más efectivos en aquella sublevación, puesto que consiguió convencer a la Guardia Civil local dialogando, antes habían muerto en un desafortunado incidente un sargento y un guardia, que de aquella forma se declararon  neutrales, alcanzando con ello un pacto que resultó beneficioso para ambas partes, para la Guardia Civil y para los sublevados. De ahí la sentencia tan benévola de Corbellini, o el hecho que durante la guerra civil  se pasara al bando franquista, actuando como capitán de la 13ª División del Ejército Marroquí. Para más detalles del personaje ver: Antonio Gascón Ricao, Fermín Galán y Antonio Beltrán, “el Esquinazau”, durante la Sublevación de Jaca, www.sbhac.net/Republica/Introduccion/Antecede/Jaca.htm 

 [4] Josep Clara, Exércit i maçoneria a Girona (1931-1939), Revista de Girona 131  (1988), pp. 635-640.

[5] Antonio Ortiz Ramírez. (Barcelona 13 de abril de 1907 –† 2 de abril de 1996). Carpintero-ebanista de profesión, era militante de la CNT y de la FAI. También fue miembro del grupo de afinidad "Nosotros". Cuando la guerra seráprimero jefe de la Columna homónima yal reorganizarse el ejército, comandante de la 25 División republicana. Durante la II Guerra Mundial se enrolará en el ejército francés, donde alcanzará el grado de oficial y donde será condecorado en diversas ocasiones.

[6] Miguel Flores Pintado, Antonio Gascón Ricao, Fernando Martínez de Baños, Guerra Civil Aragón. El Pirineo, Zaragoza, 2008, pp.282-286.

[7] Al  capitán Pascual Miñana de la Concepción, a diferencia de Escassi, le debió ir muy bien, puesto que murió en Talavera de la Reina el 11 de diciembre de 1985, con el título de Coronel retirado del Cuerpo de Estado Mayor, muestra de que después de la guerra debió continuar en el ejercito .

[8] Según un testimonio, Escassi tras su huida al bando fascista hablará por Radio Jaca. E. Torres, La Bossa de Bielsa, Barcelona, 1977, p. 81.

[9] Clemente Cimorra: Los héroes del Pirineo; Madrid-Barcelona, 1938.

[10] Antonio Beltrán, Acciones Defensivas de la 43. División en el Pirineo Aragonés, (Manuscrito, AHPCE),  Moscú, mayo 1941

 [11] Antonio Gascón Ricao, La Bolsa de Bielsa (1938). Historia y Vida, núm. 184. Barcelona, julio de 1983, pp.102-113

[12] Todo el asunto del Consejo de guerra y el posterior juicio  por Responsabilidades Políticas está tomado del citado trabajo de Josep Clara, De la República al franquisme: el cas dels militars de Figueres…, al cual se debe el hallazgo de dicha documentación

[13] Las noticias que hacen referencia a sus condena por Responsabilidades Políticas se pueden consultar en el Arxiu Històric de Girona, Sección Jutjat de Figueres, expediente 88/1939.

[14] Entre los testimonios de los militares cabe destacar el de su antiguo jefe de Figueras, el teniente coronel Monasterio, o los de sus compañeros, Alvar Villoria, Julio Calvo, Eduardo Capitán, José Uxó, o el de las autoridades de Figueras y de Boltaña.

[15] Sección Gobierno Civil, Expediente de fronteras 91/6

Antonio Gascón Ricao